Problemas que genera el gasto público



Por Gabriel Boragina ©

El gasto público ocasiona problemas de distinta índole, entre ellos uno de los más importantes es que produce el incremento de lo que en lenguaje keynesiano se suele denominar como la demanda "global" o "agregada". En buen romance, con estas últimas denominaciones se quiere aludir a aquella demanda de bienes y servicios efectuada por el gobierno. Se le llama "agregada" porque esta nueva demanda estatal, en rigor, se suma a la demanda que particulares y empresas privadas hacen en el mercado. Ergo, a esta última demanda. se suma de que el gobierno lleva a cabo en el mercado. Al resultado de estas dos demandas sumadas (privada y estatal) se le llama "demanda global (siempre en terminología keynesiana).
Sobre esto, hay varias observaciones para hacer, pero solo tendremos tiempo para dos. En rigor de verdad no hay "dos demandas" diferentes sino una sola. Porque, si tenemos en cuenta que los fondos que el gobierno utiliza para demandar bienes y servicios en el mercado, son--en última instancia- provenientes de impuestos o empréstitos, caemos en la cuenta que tales dineros derivan de los particulares y empresas privadas, con lo cual lo que cambia es el sujeto demandante (de los particulares al gobierno) pero no la propiedad de los fondos con los que se demanda (ya que estos son siempre de origen privado). Teniendo en cuenta este último aspecto es que decimos que hay una sola demanda que se hace siempre con dinero privado. De donde se concluye que no hay tal cosa como demanda "global" ni demanda "agregada". Solo hay una simple y llana demanda.
El segundo aspecto a considerar es que toda demanda, -a una oferta constante- implicará inexorablemente un aumento de precios en el mercado. Si la demanda privada -ceteris paribus- eleva los precios, mayor será ese aumento si a aquella demanda se le suma la estatal. El gasto (sea público o privado) siempre supone una previa demanda, ya que no hay gasto sin demanda. El gasto público implica que el gobierno está gastando (demandando) en bienes y servicios que no son aquellos sobre los cuales el sector privado dirige su demanda. En este sentido, si cabe hablar de dos demandas diferentes (teniendo en cuenta al sujeto demandante). El aumento del gasto eleva los precios, lo que hace que la oferta se incremente. A su turno, también ceteris paribus, la demanda debería tender a bajar. Sin embargo, donde el gasto público es alto, o incluso exorbitante, la única demanda que decrece -en ese estadio- es la privada, por la sencilla razón de que el sector privado solo puede obtener sus ingresos de la producción que pueda vender en el mercado. Limitación esta con la que ningún gobierno cuenta. Ya que estos gastos jamás se financian ni con recursos propios ni con producción propia, sino que siempre lo hacen con recursos derivados de producción privada. No hay tal cosa como "producción estatal". Estos no son los únicos inconvenientes ocasionados por el gasto público sino que hay otros, si se quiere de orden más técnico. Por ejemplo:
"...los datos gubernamentales no miden adecuadamente los desembolsos estatales porque los registros de déficit subestiman sistemáticamente las variaciones de la deuda pública, es decir, la información oficial no considera como “gasto” la emisión de nueva deuda del gobierno para cancelar demandas judiciales en su contra. Si el gasto se “corrige” anualmente para dar cuenta de la diferencia entre déficit consolidados y variación de deuda, el gasto público en el período 1991-2001 creció cerca del 97 por ciento; en términos del dólar, esa cifra se ubica a más de 40 puntos porcentuales por encima del crecimiento del PBI ajustado por la evolución de los precios de los productos comercializados con el resto del mundo. Una política claramente expansiva del gasto público, financiada en gran parte con préstamos del exterior, contribuyó a la sobrevaloración del tipo real de cambio. En realidad, el gasto gubernamental en la Argentina se comportó como si los precios de exportación excepcionalmente favorables del intervalo 1996-1997 se hubiesen podido mantener durante todo el período. Su colapso posterior expuso la fragilidad de la política fiscal argentina."[1]
Si bien la cita es en el contexto de la crisis de principios de siglo, vale de todos modos para nuestra actualidad. Es bastante frecuente que cuando la presión tributaria se hace insostenible comience a operar sus efectos la conocida "Curva de Laffer". En este supuesto, a mayor presión menor recaudación. Si el gobierno no ceja en sus propósitos de mantener  en un mismo nivel o aumentar el gasto público, entonces la consecuencia inevitable en este caso será un creciente déficit fiscal. En lugar de poner en funcionamiento la única solución correcta (esto es, bajar el gasto público) por el contrario, los gobiernos no sólo no optan por este camino, sino que acostumbran recurrir a un nefasto mecanismo, que no es otro que la emisión de deuda.
Y tal como señala con acierto la cita, no estilan los burócratas contabilizar los empréstitos así obtenidos como "gasto". Esto, como resulta obvio, dificulta notablemente calcular con certeza el gasto, ni aproximadamente al monto al que asciende tal gasto. Por lo que, cabe inferir que, a las cifras oficiales hay que agregar también este y otros renglones que suelen ser omitidos en las estadísticas oficiales, con el indudable propósito de disimular -hasta donde les sea posible hacerlo- el verdadero monto del gasto. El problema se agrava en un contexto de tipo de cambio fijo como el que tuvo la Argentina en la década del 90:
"Por último, la falta de flexibilidad más notoria se dio en el gasto público. Una devaluación exitosa debería reducir tanto los costos laborales como la carga del Estado sobre las actividades comercializables. Ante la falta de flexibilidad en el tipo de cambio, la situación exigió flexibilidad descendente en el gasto gubernamental o un límite estricto en el crecimiento del Estado. No obstante, las rigideces en el gasto se extendieron hasta bien entrada la crisis, lo que puso de manifiesto la magnitud del problema".[2]

[1] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis Económica Argentina". Pág. 23-24 en Daniel Artana y James A. Dorn. Compiladores. Crisis financieras internacionales: ¿qué rol le corresponde al gobierno? - 1ª. ed. – Buenos Aires: Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, 2004t. Pág. 24-25
[2] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis....ob. cit. 27

El rol del gasto en la crisis de principio de siglo (II)



Por Gabriel Boragina ©

"La economía argentina experimentó una profunda crisis durante 2001 y 2002. La pobreza se extendió a uno de cada tres hogares en los suburbios de Buenos Aires, y el abandono de la convertibilidad, junto con la crisis financiera y el default (default de la deuda pública), minaron la confianza del inversor, tanto local como extranjero." [1]
Por supuesto, en toda crisis no hay un único factor determinante que le de origen. Siempre existe una confluencia de elementos que, combinados o por sí mismos, influyen en efectos desencadenantes que terminen colapsando un sistema económico. Este también ha sido el caso de la crisis que nos encontramos analizando en este momento. La consecuencia inmediata de la crisis es el descenso de los ingresos y salarios en términos reales y -por ende- el inevitable incremento de los niveles de pobreza.
"Causas de la crisis. Creemos que la crisis se debió a cuatro causas principales: 1) política fiscal inapropiada; 2) rigideces salariales y de precios incompatibles con un régimen de cambio fijo; 3) un shock externo desfavorable de considerable importancia, y 4) agitación política."[2]
Es difícil determinar el orden causal de estas fuentes, pero podemos estar de acuerdo que el dado fue el efectivamente desencadenante de la hecatombe económica del periodo. Ya hemos expuesto en otra oportunidad nuestro convencimiento de que las convulsiones políticas son resultado –mediato o inmediato- de los desmanejos económicos, cuando estos tienen una notable duración y persistencia. Pensamos que en el tema en estudio también sucedió lo mismo.
"Dos niveles de incompatibilidad fiscal. Por un lado, el aumento del gasto público calculado en dólares estadounidenses excedió el crecimiento del PBI, corregido por los precios de bienes exportables. Por otro, el superávit fiscal primario provincial y federal no creció a la par del alza repentina de la carga financiera ligada a la deuda creciente y a la reducción gradual de los bonos a tasas preferenciales (bonos Brady y otros emitidos para cancelar los pasivos gubernamentales con los jubilados y contratistas estatales), que fueron reemplazados a su vez por letras a tasas de interés de mercado."[3]
Como en tantas otras ocasiones, el gasto público excesivo encabeza la lista de orígenes causales. La tendencia a elevar el gasto por encima de las posibilidades reales financieras del país ha sido una constante en la historia política económica argentina, y que se prolonga hasta nuestros días. Pero, no se debe caer en el error de creer que una "buena" política económica sería aquella en donde el gasto público fuera inferior o igual al incremento del PBI. La meta no correspondería ser atar el volumen del gasto estatal a una medida relativa al PBI. La sana economía exige que el gasto este previamente limitado por la respectiva ley presupuestaria, la que –a su turno- conviene ser austera, y contemplar sólo aquellos gastos mínimos necesarios para que el gobierno sustente sus prestaciones básicas. En otras palabras, delimitar el tamaño del estado-nación a través de una ley de presupuesto de contenidos módicos.
"El impacto y la presión sobre la convertibilidad causados por shocks reales llevó a muchos analistas a cuestionar la naturaleza fiscal de la crisis.1 En nuestra opinión, esa duda surge de una observación incompleta de los datos argentinos y conduce a una mala interpretación de la relación de causalidad entre el gasto público y el tipo de cambio real."[4]
Dado que muchos economistas -especialmente aquellos de extracción keynesiana- siempre se han inclinado a minimizar los problemas ocasionados por el flanco fiscal –partidarios como han sido (y siguen siendo) de políticas económicas expansivas- no es de extrañar lo que apuntan los autores en comentario respecto del cuestionamiento al origen fiscal de la crisis. Esto da pie a que muchos políticos que acompañan o tienen como sostén intelectual de sus acciones a dicho tipo de economistas, frecuentemente atribuyan sus desaciertos económicos no a sus propias políticas, sino que busquen culpables externos. En este marco, el famoso contexto internacional siempre les ha servido de una excusa perfecta.
"La primera dimensión del problema atañe al hecho de que el gasto público se concreta en gran medida en bienes no comercializables y servicios. La expansión incontrolada del sector de los no comercializables conduce a una sobrevaloración del tipo de cambio real en economías pequeñas abiertas porque la presión ejercida en los precios internos no puede ser compensada por los precios de los bienes comercializables, limitados por un tipo de cambio fijo y los precios externos. Durante todo el período 1991-2001, el gasto de los tres niveles de gobierno creció el 77 por ciento en términos del dólar, mientras que el PBI argentino creció el 57 por ciento y cayeron los precios comercializables expresados en dólares"[5]
Aquí –en particular- se señalan dos principios negativos que se combinaron. Por un lado, el aumento del gasto público, especialmente focalizado en bienes no comercializables, y -por otro lado- el tipo de cambio fijo que obró como impedimento para un reacomodamiento de precios y salarios. Esta composición operó como "cuello de botella" que terminó estrangulando la necesaria flexibilidad entre las variables que -de no existir ambos componentes- hubiera dado lugar a un ajuste natural entre precios y tipo de cambio real. Sabido es que la ampliación del gasto púbico empuja los precios internos hacia arriba. A lo que se suele decir que esto genera presiones inflacionarias, lo que -en buen romance- es una frase articulada para justificar políticas monetarias expansivas.

[1] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis Económica Argentina". Pág. 23-24 en Daniel Artana y James A. Dorn. Compiladores. Crisis financieras internacionales: ¿qué rol le corresponde al gobierno? - 1ª. ed. – Buenos Aires: Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, 2004.
[2] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis...ob. cit. Pág. 23-24
[3] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis....ob. cit. Pág. 23-24
[4] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis....ob. cit. Pág. 23-24
[5] Ricardo López Murphy, Daniel Artana Y Fernando Navajas. Capítulo 1 "La Crisis....ob. cit. Pág. 24

El rol del gasto en la crisis de principio de siglo (I)



Por Gabriel Boragina ©

Si bien no es el único factor que interviene en la generación de las crisis económicas, no puede caber duda que el gasto publico es uno de los ingredientes fundamentales en los que desemboca la gestión de aquellas. Nunca estará de más recordar la crítica que siempre hemos hecho a la expresión "gasto público", ya que no refleja la verdadera naturaleza del concepto que se quiere describir. Así, el Diccionario de economía lo define como "Gastos hechos por el gobierno y sus agencias, como distinto del gasto que realizan los particulares y las empresas"[1]. Por lo que debemos de tener presente que por "gasto público", en realidad, nos estamos refiriendo a lo que -en precisión- deberá denominarse siempre gasto gubernamental o estatal, por esencia completamente diferente al gasto que cada uno de nosotros hacemos con nuestros propios recursos. Con todo, la forma más exacta de designarlo consideramos que es gasto fiscal, porque en propiedad, la disciplina económica exige que los gastos estatales se financien exclusivamente con los recursos fiscales. Tal como veníamos diciendo, este gasto estatal cumple un papel preponderante en casi todas las crisis económicas. En esta ocasión, vamos a detenernos a analizar su rol en la crisis argentina de principios de este siglo.
"El ex ministro de Economía, Ricardo López Murphy, y sus colegas Daniel Artana y Fernando Navajas, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, de Buenos Aires, hacen un detallado informe de la crisis económica argentina de 2001-2002. Consideran que las causas básicas de la crisis de la deuda son el gasto público excesivo (financiado en gran parte por la deuda externa denominada en dólares), la falta de liberalización del comercio y la inestabilidad política. Por otra parte, la rigidez de precios-salarios lentificó los ajustes a los shocks externos y aumentó el desempleo." [2]
¿Qué significa en doctrina económica un "gasto público excesivo"?. La misma definición de gasto público que dimos antes nos permite inferir la respuesta a esta pregunta, cuando -al final del mismo párrafo- nos explica: "Los gastos que realiza el Estado deben estar balanceados con los ingresos fiscales, existiendo en caso de discrepancia un déficit o un superávit fiscal". En suma, se llama gasto público excesivo a aquel que es consecuencia u origen de un déficit fiscal. El hecho de que ese gasto sea costeado mediante el uso de deuda (sea externa o interna) implica la existencia de un déficit fiscal. De lo contrario, es decir, si los recursos fiscales fueran los suficientes para compensar el gasto, es obvio que el gobierno no necesitaría acudir a la emisión de deuda con destino a sufragarlo. De allí que Alberdi -en el siglo XIX- insistía en la importancia del presupuesto nacional, otorgándole a este la responsabilidad de concretar la utilización de los recursos del estado-nación, y confiando en el buen juicio de los legisladores encargados de su elaboración. Como vimos oportunamente, por desgracia, las previsiones y consejos del gran prócer no fueron atendidos, salvo por cortos e insignificantes periodos en su siglo, y completamente abandonados e ignorados en el siguiente.
"A pesar de que el gobierno federal había tomado importantes medidas para revitalizar la economía en la década de 1990, éstas fueron insuficientes. La Argentina aún carece de un compromiso confiable respecto de límites al gobierno y la apertura de mercados. Los autores señalan la reducción generalizada de los derechos de propiedad que se produjo cuando el gobierno obligó a los bancos a ampliar el crédito para cubrir el creciente déficit fiscal, puso fin al dólar fijo del sistema de convertibilidad, emitió cuasimonedas para solventar las operaciones del Estado, bloqueó las cuentas bancarias, no cumplió con el pago de su deuda internacional y, por último, devaluó el peso. Hasta que en la Argentina no se lleve a cabo una reforma política seria, no puede haber ninguna seguridad de que habrá estabilidad y crecimiento en el futuro. Los autores sostienen, en concreto, que tiene que haber un “fin abrupto y permanente de la manía argentina de incurrir en déficit fiscales, ocultarlos y después sufrir las consecuencias de un gobierno que desconoce sus compromisos”[3]
Algunas de las medidas mencionadas se mantuvieron en la época posterior al periodo analizado por los autores en comentario. La intervención gubernamental en los bancos es una de ellas, si bien la modalidad de la injerencia posterior fue diferente a la implementada entonces, sus efectos (al final de cuentas) son equivalentes a los de aquel momento. Por ejemplo, las cargas tributarias sobre las cuentas bancarias de particulares y empresas en general implicaron –en última instancia- resultados análogos a los de un bloqueo de aquellas cuentas, dado que torna las operaciones realizadas por este medio –por cierto las más voluminosas del mercado- en sumamente gravosas. En lo sustancial, no existió ninguna reforma política durante el extensísimo gobierno del FpV[4] ni -mucho menos- alguna que tuviera el carácter de seria. El descalabro económico continuó, si bien por otras vías. La principal -como dijimos- la de nuestro tema: el gasto fiscal, el cual durante este periodo resultó desbordado, pese al notable incremento de los impuestos. Al mismo tiempo, el "fin al dólar fijo del sistema de convertibilidad" dio pie a una desenfrenada emisión monetaria, con sus inevitables y conocidas derivaciones inflacionarias.
El aumento del gasto público en forma desorbitada fue clave en el agravamiento de la crisis que siguió al periodo analizado, la que en parte pudo ser disimulada por el gobierno del FpV merced a una expansiva política de planes asistenciales y programas de subsidios con exclusivos fines clientelares y miras a la formación de un mercado electoral cautivo.

[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz "gasto publico"
[2] Daniel Artana y James A. Dorn. Compiladores. Crisis financieras internacionales: ¿qué rol le corresponde al gobierno? - 1ª. ed. – Buenos Aires: Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, 2004. págs. 12-13
[3] Daniel Artana y James A. Dorn. Compiladores. Crisis financieras....Ob. Cit. Pag. 12-13
[4] Siglas el Frente para la Victoria. Secta política derivada del peronismo y conducida por el nefasto matrimonio Kirchner.

Gobierno, economía y educación

Por Gabriel Boragina © Es casi un lugar común considerar que la educación debe prioritariamente estar a cargo del gobierno. Existe u...