Sobre las "redes" sociales



Por Gabriel Boragina ©

Leo y escucho muy a menudo sobre el "enorme poder de las redes sociales", y relativo a su supuesta superioridad referente a los medios masivos y tradicionales de comunicaciones. Parece que se quiere transmitir la idea de que la gente -a través de las "redes"- está por encima de los medios (TV, radio, periódicos) y que ejercería una especie de control y hasta de influencia sobre los contenidos de tales medios superpuesto al accionar de los políticos y de la política en general.
Mi propia experiencia en las "redes" sociales me permite atestiguar exactamente lo contrario. Se exagera notablemente su importancia.
Comencemos con una aclaración de orden terminológico y de no menor relevancia.
En la jerga habitual, se suele diferenciar entre "redes" y "medios". Donde los "medios" vendrían a ser la TV, la radio y los periódicos, en tanto las "redes" serian sitios como Twitter, Facebook, LinkedIn, instagram, etc.
La diferenciación pretendida nos parece del todo absurda, porque -en última instancia- todos ellos son medios de comunicación, ya que en todos, sin excepción, la gente se comunica una con otra.
Luego, si me detengo a analizar los contenidos de las "redes" en las que habitualmente interactúo (Twitter, LinkedIn y Facebook, en este mismo orden) puedo observar que más del 80% de las intervenciones (tweets, mensajes, comentarios, etc.) giran en torno al material proveniente de los medios tradicionales de información (TV, radio, periódicos). Es decir, la gente que normalmente participa en las "redes", sigue dependiendo -como antes- de lo que se muestra por TV, se escucha en la radio o se publica en los diarios. Básicamente, este es el material que se difunde y circula por las "redes". Suficiente como para demostrarme la falsedad del supuesto "dominio" o "poder" de las "redes" por arriba de los medios tradicionales (TV, radio, periódicos).
Entonces, ¿qué se comenta en las "redes" sociales? ¡Lo que aparece en TV, radio y diarios! ¿Dónde le parece al lector que se encuentra el poder real?
 La gente -en las "redes"- difunde (y depende de) lo que se publica en tales medios, y toda su "originalidad" se limita a aprobar o censurar lo que un personaje de la farándula, la política, el deporte, etc. dijo o hizo por TV, radio, o declaró ante un periodista de algún matutino o vespertino de gran circulación.
Basta echar una somera ojeada a los famosos TT (trending topics) para ver que los temas que dominan son los de los programas televisivos de mayor televidencia, preponderantemente las transmisiones de deportes, noticias, política, policiales, entretenimientos o espectáculos, donde el común denominador es que todos ellos se transmiten por TV, previa o simultáneamente a su comentario en las "redes".
Poco importa que los programas de TV puedan verse por Internet. El punto es que el poder sigue estando en la TV y no en las "redes" como se arguye con tanto ruido y tan livianamente.
La única novedad que aportan las "redes" -desde mi humilde punto de vista- es que, antes de su aparición, uno se quejaba o celebraba en privado, (con la familia, los amigos, o en su lugar de trabajo, o de estudios) lo que veía o escuchaba en la TV, radio o leía en los periódicos. La irrupción de las "redes" sólo ha extendido ese círculo hacia personas que están mucho más allá de esos límites.
Gentes que no nos conocen ni conocemos personalmente pueden leer, ver o escuchar a distancia lo que decimos concerniente a ciertos temas. Pero el punto de la cuestión es ese tan cacareado y pretendido "poder" de las "redes" "por encima" de los medios masivos y tradicionales de comunicación y en relación a sus contenidos. El que, en mi opinión, es no otra cosa que un mito. Es muy cierto que las "redes" amplían considerablemente el ámbito de la queja o la aprobación de la gente, pero (y este es el núcleo central de mi tesis) la fuente de información de la gente que interactúa en las "redes" siguen siendo la TV, la radio y los diarios. Esto no fue cambiado (como tanto se afirma) por la irrupción de las "redes". Ergo, no hay tal "fenómeno", ni -mucho menos- "revolución" como arriesgadamente se ha llegado a decir. Simplemente, hoy en día, la información corre más rápido y llega a más gente. Eso es todo. La mentalidad de esa gente sigue siendo la misma, y no veo que haya sido modificada por ninguna "revolución" de las "redes".
Volviendo al tema del poder y control político que hipotéticamente las "redes" tendrían superpuesto a medios y gobiernos (como con insistencia se ha llegado a aseverar), por idénticas razones no se trata más que de otro mito. La información es más veloz gracias a las "redes", pero también es mas heterogénea, lo que impide que las "redes" -en sí mismas- constituyan una fuente o bloque de poder unidireccional y desmitifica su supuesta condición de "quinto poder" por sobrepuesto de los poderes tradicionales (ejecutivo, legislativo, judicial y prensa). En el mejor de los casos, formarían parte de ese "cuarto poder", pero -por el momento- se mantienen claramente independientes del mismo y lejos de constituir un "poder".
La presencia de los medios tradicionales y políticos en esas mismas "redes" relativiza el supuesto "poder popular" que anidaría en estas. Y contribuye a una mayor heterogeneidad de contenidos.
En tanto, el material de baja calidad es abundante (y responde a los valores convencionales de la comunidad de que se trate) mientras que el de alta es más bien escaso.
En general, y hasta aquí, de acuerdo a lo observado, las "redes" son un excelente medio para el pataleo y exhibicionismo individual, y hacerlo conocer a un público que mayoritariamente se desconoce. Esto, al menos, en cuanto a su aspecto "social" (no comercial o de negocios).
Del lado positivo, las "redes" -en cambio- son oportunidades para el mundo de los negocios y el comercio en general, y en este sentido, son bienvenidas, y pueden llegar a ser muy provechosas, precisamente por su masividad a nivel comercial y empresarial. Aunque no todas las "redes" apuntan en este sentido. Las hay más profesionales y empresariales -como LinkedIn- y otras más populares y mas masivas (los casos de Twitter, Facebook, etc.) que son poco útiles en este último cometido.
Lamentablemente, en general, el potencial en materia de negocios de las "redes" está muy poco y pobremente explotado aun hoy día.
En los demás, y en especial en el campo de las interacciones sociales, la fuente primaria de información masiva y -lamentablemente- en muchos casos de "formación" siguen siendo los mass media (TV, radio y periódicos). No parece vislumbrarse cercana la época en que sea diferente.

Análisis de la guerrilla (2)



Por Gabriel Boragina ©

Como hubiéramos dicho antes[1] la historia de la guerrilla demostró como la misma degeneró, de ser una fuerza defensiva irregular hasta transformarse en una fuerza ofensiva (manteniendo -no obstante- su carácter de irregular).
"Los guerrilleros abundaron en las acciones de independencia americana: así Martín Güemes en Argentina, José A. Páez en Venezuela, Manuel Rodríguez en Chile. Los hubo luego en Francia ocupada ("partisans"), en los países árabes, en Rusia, en China, en Vietnam. T. E. Lawrence, Mao y el "Che" Guevara las practicaron y también adoctrinaron sobre las mismas, siguiendo las huellas de Karl von Clausewitzí (On War, 3 ed., 1940), el primer teórico militar que dedicó atención a la estrategia guerrillera."[2]
Este párrafo hace una mezcolanza que es importante aclarar. Las guerrillas de Mao y el "Che" Guevara no tuvieron que ver con la independencia americana, ya que lo que Mao y Guevara pretendían eran dar golpes de estado mediante acciones guerrilleras, que fue lo que también hizo Fidel Castro en Cuba con lamentable éxito. Mao dio el golpe en China, pero Guevara fracasó en sus intentos de golpes en países extranjeros. En este punto, es trascendental explicar que cualquier guerrilla se deslegitima cuando inicia el uso de la fuerza, lo que claramente no ha tenido que ver con países ocupados o invadidos. La historia de la guerrilla (hasta aquí reseñada) revela que hubo una degeneración de la misma, pasando de ser una fuerza defensiva (excusable) a ser otra ofensiva (inexcusable). Así, por ejemplo, la guerrilla argentina en el siglo XX tuvo dicho sesgo ideológico marxista-maoísta-guevarista y condición claramente ofensiva, no defensiva. Ha sido el caso, particularmente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), Montoneros (peronistas) y otras organizaciones similares a estas.
"En la actualidad, las guerrillas tienen un fuerte sustento ideológico, y tratan de arraigar en el pueblo, al que ofrecen alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios que tienden a popularizarlas. Su organización es severamente militar, sobre la base de células pequeñas que actúan como compartimientos estancos, sin conexión inmediata entre sí, para evitar delaciones o infidencias."[3]
Es de destacar que el autor escribe su artículo en pleno auge de la guerrilla argentina, lo que puede ser un factor de importancia a la hora de observar la notable ambigüedad de su artículo. Aunque no aclara a cuáles guerrillas -en concreto- se está refiriendo en la cita, por lo que también resulta forzoso aclarar que -siempre en el caso argentino- no se dio el intento de la guerrilla de "arraigar en el pueblo" ofreciendo "alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios". Por el contrario, la guerrilla argentina arremetió contra civiles y militares sin discriminación. En cambio, su organización fue –en efecto- severamente militar.
"Las armas de la guerrilla son, en principio, obtenidas de sus propios adversarios, a quienes procuran despojar. Asimismo, una guerrilla organizada siempre cuenta con posibilidades de fabricación "casera" de armamentos, explosivos y ropas, que a veces se montan en gran escala en campamentos o "santuarios". Tales "santuarios", que sirven para descanso, aprovisionamiento y organización, han sido, como en el caso de las fuerzas de Tito en Yugoeslavia, verdaderas catacumbas. La guerrilla, originariamente rural, se ha trasladado actualmente a las ciudades; y con frecuencia utiliza métodos sorpresivos, muy difíciles de prever, así como el sabotaje y el terror indiscriminado; y asaltos o secuestros para obtener dinero, que siempre necesita en cantidad."[4]
En el caso de la guerrilla argentina de los años 70, se dieron todas estas combinaciones. Pero, además, es menester señalar que las organizaciones guerrilleras contaron con profusa provisión de armamento altamente sofisticado y de última generación proveniente de países extranjeros que promovían sistemáticamente la guerrilla a nivel internacional. Las fuentes de provisión de material bélico pesado procedían de la entonces existente URSS (en esa época poderosa potencia militar), Libia, al mando de Muammar El Kadafi, y -en nuestro propio continente- de Cuba con Fidel Castro a la cabeza, entre otros países de ideología afín, que adiestraban y alentaban el fenómeno guerrillero en el exterior. Montoneros, ERP, FAL, y otras facciones menores por el estilo, practicaron profusamente y con entusiasmo la metodología de secuestro, tortura y pedidos de sumas millonarias en concepto de rescate de sus víctimas.
"Existe además una permanente tendencia de los equipos guerrilleros a "regularizarse", y algunos jefes árabes han recibido cierto "status" aún por parte de las Naciones Unidas. Las fuerzas antiguerrilleras, en cambio, pretenden siempre tratarlos como simples bandidos, que no deben recibir, pues no practican tampoco, ninguno de los beneficios de las leyes de guerra. Esa lucha es muy difícil, en parte porque cierto conservadorismo de la oficialidad regular, apegada a procedimientos tradicionales, dificulta la adopción de tácticas eficientes e imaginativas. Asimismo, porque la lucha antiguerrillera suele causar molestias a la población inocente, irritándola contra los elencos regulares (Peter Paret • John Shy, Guerrilla y contraguerrilla, Ed. J. Alvarez, B». As., 1964, que incluye La guerra de guerrillas de Ernesto Guevara)."[5]
Recordemos que el autor en examen escribe su artículo en épocas de auge guerrillero. Resulta de interés remarcar que aquel atribuye la dificultad de combatir la guerrilla al hecho de que la oficialidad regular se resiste a adoptar la misma sistemática que practicaban los guerrilleros. Se deja en claro, una vez más, que el combate contra la guerrilla se da en un estado de guerra.
"Las guerrillas han logrado éxitos importantes; sin embargo, adolecen de ciertas limitaciones. En primer lugar la constante necesidad de mantener la ofensiva, arriesgando a veces una derrota que las suprima o desprestigie; además, su carácter "secundario", ya que normalmente sirven como elemento de apoyo, pero por sí solas son poco aptas para tomar el poder."[6]
La guerrilla argentina estuvo a un punto de tomar el poder, pero no depusieron las armas voluntariamente. De alguna forma, la cita señala la inutilidad final de la guerrilla. Los guerrilleros expertos estaban bien conscientes de aquellas limitaciones, no obstante lo cual arremetieron cada vez con más saña. El rechazo de la población civil víctima de sus ataques y el apoyo explícito (o implícito) civil a las fuerzas armadas que contrarrestaron a los guerrilleros, fueron factores determinantes que evitaron la toma del poder por parte de estos últimos.


[2] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz "Guerrilla" en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G
[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.
[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.
[5] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.
[6] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

Análisis de la guerrilla (1)



Por Gabriel Boragina © 

¿Qué es realmente la guerrilla? ¿Cuáles fueron sus orígenes? ¿Cómo ha actuado en la historia? ¿Cómo reconocerla en el presente? Vamos a destinar algunas líneas a estudiar este fenómeno que sigue dando que hablar en varios lugares del planeta, especialmente en Sudamérica, y más particularmente en la Argentina. Empecemos con una definición de un autor cuya posición frente a la guerrilla es -cuando menos- ambigua:
"Expresión de origen hispano, que ha sido receptada por diversos idiomas, inclusive el inglés, para designar la guerra irregular."[1]
Implica pues un contexto de guerra entre fuerzas regulares e irregulares, de donde el primer elemento a tener en cuenta es que existe un estado de guerra. Lo que nos lleva a definir este último:
"Estado de guerra. Situación que se produce entre dos o más Estados cuando sus relaciones normales y amistosas, representativas de un estado de paz, son rotas para dar paso a un conflicto bélico como medio de dirimir sus diferencias. Hasta donde pueda hablarse de normas jurídicas derivadas o aplicables a la guerra, la ruptura de la paz origina derechos y obligaciones (más teóricos que reales) no solo entre los países beligerantes, sino también entre éstos y los neutrales. En el orden interno, situación excepcional que obliga a la autoridad civil, según previsiones legislativas, a resignar sus atribuciones en la militar, ante grave anormalidad de orden público, frente a amenaza bélica o ante rebelión o sedición poderosas y ante actos de terror o desobediencia contra el orden legal o de hecho establecido (Dic. Der. Usual). (V. ESTADO DE EMERGENCIA y DE SITIO.)"[2]
El primer escenario puede implicar o no la aparición de guerrilla en supuesto de invasión y ocupación de territorios. Generalmente, en estos casos de conflicto internacional, surge como grupo de apoyo al ejército oficial del país agredido, o bien como única fuerza (siempre irregular) que trata de resistir al país agresor. Como veremos luego, estos fueron los comienzos del fenómeno guerrillero. En el orden interno, la guerrilla da lugar -o forma parte de- la "situación excepcional que obliga a la autoridad civil, según previsiones legislativas, a resignar sus atribuciones en la militar" para restituir el orden legal o de hecho establecido y perturbado por la guerrilla. En el siglo pasado, el fenómeno guerrillero degeneró en grupos marxistas leninistas que –al menos en Latinoamérica- trataron de tomar el poder por vías violentas. En Argentina, y ante la extrema ferocidad de los ataques guerrilleros que arremetían sin piedad contra sus víctimas indiscriminadamente -tanto militares como civiles- el gobierno constitucional de Perón se vio obligado a ordenar a las FFAA a que proceda con el exterminio total de la guerrilla
"Históricamente, son muchos los ejemplos de grupos reducidos de combate, generalmente en función defensiva de un territorio conquistado por el enemigo, que se baten en acciones rápidas, sorpresivas, heterodoxas del punto de vista militar clásico. Buenos conocedores del terreno, explotando sus anfractuosidades o la densa vegetación, es frecuente que un grupo decidido de guerrilleros tenga en jaque a poderosas fuerzas regulares. Recursos de este tipo emplearon los galos y los germanos contra César. Sin embargo, el primer "guerrillero", al estilo moderno, puede haber sido Francis Marión, el "Zorro del Pantano", que luchó por la independencia norteamericana.”[3]
Originariamente, y en épocas remotas, la guerrilla tenía una función defensiva frente a la invasión y eventual ocupación de un territorio por parte de un ejército agresor extranjero. Más adelante en el tiempo, esta función pasó de ser defensiva a convertirse en ofensiva, y el objetivo de la guerrilla se concentró dentro de las fronteras de su misma nación pero con el definido propósito de derribar al gobierno de turno de su propio país y establecer un régimen violento que -por la fuerza- despojara del poder a las autoridades legítimamente constituidas. En el pasado (al que se refiere la cita transcripta) la guerrilla encontró su "justificación" como forma de resistencia contra una potencia extranjera que agrediera a otra nación pacífica. En tal sentido, procedían como legitimas fuerzas defensivas frente al extranjero invasor. En el momento en que la guerrilla cambia de signo (de defensiva a ofensiva) se revela la aparición de una precisada ideología de origen marxista en sus distintas variantes conocidas (leninista, maoísta, trotskista, guevarista, etc.). Argentina sufrió el ataque criminal de las guerrillas en la década del sesenta y –acentuadamente- en la siguiente.
"Durante las campañas napoleónicas en España, diversas partidas de patriotas combatieron a los franceses en forma de "guerrillas". El término tuvo su origen en estas campañas, y fue adoptado inclusive por las fuerzas de Wellington. Desde entonces, las guerrillas se extendieron como método bélico eficiente, sin que interese el signo político que las asumiera. Cabe consignar que las primeras —los campesinos en la Vendee, o las mismas de españoles o rusos contra Bonaparte—, fueron reaccionarias y legitimistas. Sin embargo pronto cambiarían de signo, para ser, en el presente, patrimonio primordial de grupos de izquierda."[4]
Su aparición, pues, coincide con épocas de gran violencia internacional, caracterizada por guerras y frecuentes invasiones de países, generalmente nacidas de los deseos megalómanos de reyes, emperadores y monarcas ávidos de conquista por el asedio mismo, como fue el caso citado de Napoleón. En este punto es importante aclarar que las guerrillas se conducían como fuerza de apoyo al ejército regular del país atacado u ocupado. O bien operaban cuando las fuerzas regulares claudicaban o se rendían frente al invasor foráneo.
La guerrilla -en la antigüedad- estaba inspirada por un sentimiento nacionalista que fue perdiendo paulatinamente hasta convertirse en otro internacionalista de inspiración marxista, por el cual sus elementos entendían que debía extenderse la guerrilla a todo el mundo, con el objeto de imponer mediante la violencia la revolución proletaria o de los trabajadores. De tal suerte, el cambio de signo ideológico hacia la izquierda de los grupos guerrilleros se dio en el siglo XX, en el que la guerrilla adopta la corriente marxista-leninista-maoísta-trotskista-guevarista y bajo este credo emprenden la lucha armada por la conquista del poder político en cada uno de los países en los cuales operaron.


[1] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz "Guerrilla" en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G

[2] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 155-156

[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.


[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

La igualdad en el Antiguo Egipto y la India



Por Gabriel Boragina ©

Continuando nuestro recorrido de la igualdad en la historia, retomamos el trayecto del antiguo Egipto, donde se impone un concepto de igualdad religioso, lo que cobra relevancia en la época estudiada, porque en dicho periodo lo religioso y lo político se encontraban fuertemente solidificados, siendo fácil instrumento de dominación por parte de tales poderes, los cuales también se hallaban unidos, habida cuenta que el rey se consideraba una encarnación de la respectiva divinidad:
"Durante el período de la XVIII dinastía se produce una profunda modificación en las costumbres y especialmente en la religión, imponiéndose un dios único y universal (Atón) como exponente de un principio monoteísta e igualitario en la creencia religiosa."[1]
Podemos suponer que resultaba mucho mas practico a los faraones pretender encarnar a una divinidad única en lugar de serlo de la más importante de un cúmulo de dioses diferentes, subordinados y dependientes unos de otros. El autoritarismo creciente que toda posición de poder -tarde o temprano- termina produciendo en quien o quienes lo revisten, puede permitir inferir que impresionaría más a las masas la representación de todo el poder en una única divinidad encarnada que en muchas. El principio igualitario -fácil es concluir- reside aquí en la igualitaria subordinación de todos los súbditos frente al "rey-dios".
"En la Mesopotamia se desarrolla una interesante civilización, cuya hegemonía ejerce la capital Babilonia, traduciéndose en la unificación del imperio caldeo y apareciendo bajo el reinado de Hammurabi (2000 a. C.) un famoso cuerpo legal que lleva su nombre y que dio "a la vida del pueblo caldeo un ordenamiento que tiene la regularidad y fijeza de una Constitución, organizando la sociedad en tres clases: los hombres libres, los que podrían considerarse semiíitares y, por último los esclavos."[2]
Aquí rebrota el concepto de igualdad entre los iguales, al que nos hemos referido antes. La igualdad se concibe -exclusivamente- entre los integrantes de una misma clase y se rompe fuera de ella. Pero es el estado (a través de la ley) quien define y delimita la noción de "clase", de manera tal que no existe igualdad de ninguna índole entre las desiguales clases. Los esclavos, por ejemplo, eran iguales entre sí en su condición de esclavos y -obviamente- desiguales en relación a los hombres libres y semilitares. Todas las clases eran "iguales" ante el rey, que -a su turno- era desigual respecto de todas las demás clases definidas por él mismo y por debajo de su persona. Desde luego, recordemos, que ninguno de estos artificios legales podían desconocer la natural desigualdad individual de las personas, con absoluta independencia de la de su arbitraria atribución o asignación a una antojadiza "clase social" por parte de funcionario de turno. Los criterios de pertenencia a cada clase eran fijados externamente y resultaban forzosamente arbitrarios. Todavía habría que andar mucho camino para llegar a la idea liberal de igualdad ante la ley. La historia de la igualdad es la de la igualdad mediante la ley y no ante ella.
"En el siglo XIII a. C. aparece en la India un cuerpo de leyes -el Manara Dharma Sastra, o libro de la ley de Manú- que dio normas para la organización política y social del pueblo. Según el cuerpo legal, la población de la India se hallaba agrupada en cuatro categorías o castas, cuyo origen se atribuye al Dios Brahama; la primera casta, la de los brahamanes, descendía de la cabeza del Dios; los chatrias o guerreros, de los brazos; los vaisyas, o comerciantes, de su vientre; y los sudras, o artesanos, de sus piernas. Debajo de estas castas estaban los parias."[3]
Básicamente, comencemos diciendo que no hay discrepancias de fondo entre la idea de casta y la de clase social. Algunos autores suponen que esta última -en oposición de la primera- permite admitir cierta "movilidad de clase" que se encontraría ausente en la noción de casta. Pero aun aceptando este punto de vista, el mismo no justifica los criterios arbitrarios con los cuales cada persona quiere definir lo que es una "clase social" y cuáles son los razonamientos que permitirían conocer cuándo alguien pertenece a una y no a otra. En el caso hindú, estaba más que claro que dichas castas -que se creían derivadas de una divinidad- eran inamovibles. Absolutamente estáticas. En última instancia, fueron los gobernantes de la India quienes dictaron el Manara Dharma Sastra y, por tanto, ellos quienes decidieron por todos los hindúes y sus generaciones posteriores quienes estaban asignados a cada casta. En esta sociedad estratificada, la pertenencia viene dada por el oficio u ocupación al que se dedica la persona.
"Se establece un principio igualitario con respecto a los impuestos, pues se dispone una tributación proporcionada a los ingresos de los comerciantes, teniendo en cuenta el precio pagado por las mercaderías, los gastos de traslado, etc. También se dispone que el impuesto sea reducido para los de la última clase y pequeños comerciantes."[4]
Nuevamente, como vemos, la igualdad se da dentro de la casta, en este caso los vaisyas, lo que implica que el principio igualitario no regia en relación a las tres castas restantes (los parias eran los descastados, ya que no pertenecían a casta alguna). Parece que además de las cuatro castas, existían sub-castas dentro de las mismas. Así lo revela el autor cuando manifiesta que había impuestos distintos para pequeños comerciantes, lo que permite inferir que existía otra sub-casta: la de los grandes comerciantes, y quizás otra más, la de los medianos comerciantes. Todo lo cual nos recuerda a nuestras "modernas" clasificaciones tributarias, que también nos dividen en clases o castas: las grandes empresas y las PYMES. O grandes y pequeños contribuyentes. Parece que a través de los tiempos, en esta materia, poco o nada ha cambiado. Más allá de los contrastes de detalle, el denominador común sigue siendo que la igualdad se de dentro de la misma clase y no fuera de ella.


[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz "igualdad"
[2] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[3] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[4] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".

El derecho de propiedad y su violación

Por Gabriel Boragina © Desde todos los ángulos imaginables se reclaman con urgencia "políticas públicas" como supuesta y ú...