El camino al socialismo



Por Gabriel Boragina ©

              A pesar de que estamos convencidos y pensamos que la historia nos demuestra en forma clara y completa, que el socialismo fue realizado en muchísimas partes del planeta, quedan aún, algunos obcecados que se empecinan en seguirlo negando. Niegan que las experiencias de la URSS, China, Corea, Vietnam, Europa Oriental, Cuba, etc. hayan sido socialistas, acusándolos de "desviacionismo".
              No lo creemos, es más, estamos convencidos que no fueron "desviaciones", sino construcciones serias y efectivas del socialismo real, pero aun posicionándonos en la postura más favorable para estos negadores, creo que ninguno de ellos se animará a objetar que, tales experiencias, al menos, si fueron –desde su propio punto de vista- intentos de llegar al socialismo, excepto que crean que el socialismo puede imponerse de golpe; -considero que los críticos más sensatos no comparten esta idea- tendrán que admitir –entonces- que el socialismo sólo podría aplicarse por etapas, secuencias o grados; y que si lo efectuado en los países descriptos no fue (según estos críticos siempre) socialismo, al menos admitirán, que fueron medios, vías, conductos o caminos para llegar al estado socialista. Si mis críticos y yo estamos de acuerdo en este punto, me parece que también tendríamos que estar de acuerdo en que esta metodología para tratar de imponer un ideal, no ha sido en absoluto satisfactoria, y en mi particular opinión, mucho menos que satisfactoria, sino directamente nefasta. El populismo socialdemócrata asume como cierta esta conclusión sin abandonar su defensa del socialismo. Lo mismo hace el populismo socialista (por ejemplo. el castrochavismo venezolano).
              Fundamentalmente, entre los colectivistas hay dos posturas respecto a la forma de llegar al socialismo: una vía abrupta y otra gradual, la característica común que comparten estos dos caminos es, que ambos se transitan por medio de la violencia. Hay una tercera vía muy minoritaria entre los marxistas y que está representada por la sociedad Fabiana y los gramscianos (así llamados por inspirarse en las ideas del ideólogo italiano Antonio Gramsci). Hoy en día, los marxistas no renuncian a ninguna de estas vías, al menos -por el momento- han resignado las formas extremo-violentas de llegar al poder.
             De los dos medios agresivos que señalamos al principio, la diferencia entre ellos radica en el grado y fuerza de la violencia. En la tesis original (la de sus acuñadores K. Marx y F. Engels), la única metodología propuesta (o mejor dicho profetizada) era la primera: la violencia en una sola primer y última etapa, es decir, la revolución total. El grupo "moderado" –sin dejar de patrocinar la violencia- proponía ataques graduales, algo menos despiadados, pero regulares y prolongados en el tiempo. Y el tercer grupo minoritario, dejaba casi por completo de lado la violencia, la penetración del socialismo según ellos (fabianos y gramscianos) llegaría por la vía de la educación y la instrucción. Es de hacer notar aquí, que K. Marx y F. Engels, no descartan en absoluto esta vía, ya que la educación estatista es uno de los 10 puntos del Manifiesto Comunista propuestos por K. Marx y F. Engels como método de llegar al socialismo. El populismo socialdemócrata (como el de los Kirchner de Argentina) es mucho menos afecto a la violencia que el populismo socialista (como el castrochavismo venezolano).
               Ahora bien, volviendo a la cuestión de sí el socialismo se ha aplicado -o no- en el mundo, veremos que en efecto; si dejamos la teoría de lado, aunque sea por un momento, como tantas veces nos han pedido, y nos limitamos, simplemente, a contemplar los hechos, más claramente, la situación actual en la que quedaron los países y regiones citadas luego de la fracasada intentona de imponer el "socialismo real"; uno no puede menos que sentirse defraudado con tales experiencias “a medias” o como ellos dicen, “intentos fallidos“ y si digo “no menos que defraudado”, es para no decir -directamente- horrorizado.         Baste señalar algunos nombres de personas y lugares tales como Stalin, Trotsky, Kerensky, Pol Pot, Mao Tse Tung, El Gulag, los campos de concentración en la Siberia, la KGB, las razias, el hambre, la miseria y la pauperización creciente de los pueblos del Asia y de la Europa oriental, en fin, pero tornando a los resultados, estos "críticos" que afirman que el socialismo “jamás se realizó”, serían demasiado necios si dijeran que estos ejemplos dados no fueron –al menos- intentos, medios, vías, conductos o caminos en busca de dicha construcción, y mucho más necios serian si, asimismo, negaran el rotundo y absoluto fracaso de tales intentos, vías o caminos.
                La conclusión a la que se arriba no puede ser otra que; afirmar que la tentativa de realizar el socialismo es cruel y sanguinaria y ha dejado en el camino, un tendal pavoroso de víctimas.
                Otros socialistas, -el tercer grupo ya aludido antes- algo menos obcecados y algo más sensatos (aunque tan equivocados como el primer grupo analizado) creen acertar cuando dicen que el error fue tratar de imponer el socialismo por la vía violenta (como exigían Marx, Engels y ejecutaran Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro, Pol Pot, entre otros) a la par que sostienen que; el socialismo sólo encontraría plena y cabal consumación, únicamente por la ruta pacífica. En este grupo, se destacan –entre muchos otros- el italiano Antonio Gramsci y los fabianos británicos, así conocidos por haberse agrupado en la célebre Sociedad Fabiana de Londres, y sus numerosos y entusiastas seguidores. De esta vertiente es de donde ha surgido la moderna -y tan de moda- socialdemocracia.
                  La socialdemocracia, dice ser de sí misma, una vía híbrida que pretende "conciliar" socialismo con capitalismo, pero teniendo como meta final la implantación del socialismo y utilizando el capitalismo sólo como medio, nunca como fin, esta doctrina política deriva en lo que Ludwig von Mises acertara en denominar intervencionismo. Nosotros decimos que la socialdemocracia es la faceta política del intervencionismo o, a la inversa, el intervencionismo es la cara económica de la socialdemocracia, visto de este modo, hablar de intervencionismo y de socialdemocracia; son casi sinónimos. Sucede que el socialismo democrático -por más democrático que quiera ser- no dejar de ser socialismo. Y socialismo y capitalismo son antagónicos. Ergo, la socialdemocracia no es viable. Por esto mismo es que el populismo socialdemócrata y el populismo socialista no son conducentes.

Nuestra economía mercantilista



Por Gabriel Boragina ©

Que el sistema económico actual a nivel mundial es el capitalismo de libre mercado, es algo que resulta habitual escuchar y leer en casi todas partes, y -en verdad- existen muy pero muy pocas personas que dudan de ello. Y esto, no sólo considerando la gente común y corriente, sino importantes profesionales, de prácticamente todos los campos de las ciencias, incluyendo a varios premios nobel también de todas las ramas del saber, involucrando, por supuesto, la economía.
Correlativamente con esta idea, también existe la convicción (entre el mismo grupo de personas) que el libre comercio es la regla actual en el mundo económico internacional, atribuyéndose a aquel capitalismo y a este libre comercio exterior la causa de la pobreza.
"Esta visión peculiar del comercio exterior procede en gran medida de la versión mercantilista, especialmente aquel razonamiento que se conoce con el nombre de “el Dogma Montaigne” el cual sostiene que la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de los ricos. Montaigne analizaba el lado monetario de las transacciones. De este modo se imaginaba que si alguien vende una silla y obtiene cien pesos, el vendedor ha aumentado su patrimonio por esa suma mientras que el comprador lo ha reducido por el mismo monto. Desde luego que con este razonamiento se pierde el lado no monetario de la transacción y también se pierde de vista que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan. Si el comprador de la silla realizó la transacción es porque para él los cien pesos tienen un valor menor que la silla que obtuvo a cambio y lo mismo ocurre en la dirección opuesta con el vendedor. Pero del Dogma Montaigne surge el deseo morboso de acumular divisas como si la situación de caja y bancos y la correspondiente liquidez reflejara solidez patrimonial. Cualquiera que haya estudiado introducción a la contabilidad sabe que las riquezas y pobrezas relativas se miden en base a los patrimonios netos y no a la disponibilidad de efectivo."[1]
En la enorme popularidad del dogma en cuestión (que en su hora no fue cuestionado, y que por tal motivo se lo bautizó como dogma precisamente) encontramos el origen remoto de la justificación teórica que diera -mucho mas tarde- pie al socialismo y al intervencionismo económico más generalizado a horizonte planetario. No existe mejor prueba del éxito del dogma en cuestión que observar lo extendido que está en las naciones la tendencia de los gobiernos a interferir en los asuntos económicos y a restringir las transacciones, ya no solamente internacionales sino también en el ámbito interno.

"Vale la pena detenerse en una cita de Robert Lekachman en la que describe el significado del mercantilismo:
 Colbert, el más grande de los mercantilistas franceses del siglo XVII, dio forma a numerosos controles, profusamente detallados sobre los productos manufacturados. Colbert buscaba la uniformidad nacional de los artículos elaborados [...] sus reglamentaciones eran meticulosas y minuciosas. Los decretos para el período 1666-1730 ocuparon cuatro volúmenes, totalizando 2.100 páginas. Le dieron aun mayor vigor tres suplementos aparecidos posteriormente, casi tan substanciales como los anteriores. La observancia de estas leyes era una constante preocupación. El intendente, el representante del Rey en cada distrito, era el responsable de la obediencia de los fabricantes y comerciantes. Por lo tanto, sus funcionarios realizaban periódicas es imprevistas inspecciones. Cuando encontraban que un género, en cualquiera de sus etapas de elaboración, no estaba encuadrado dentro de las especificaciones, estaban facultados a aplicar el castigo correspondiente que, por lo general, era una cantidad establecida de azotes [...][2]

 El paralelismo -a la luz de la cita anterior- con nuestra época es asombroso. Parece al respecto que nada hubiera cambiado. Incluso a los argentinos evoca la memoria del ex secretario de comercio interior, el peronista Guillermo Moreno, funcionario del FpV de los Kirchner, cuyas pretensiones y acciones –salvando las diferencias de épocas- eran usualmente análogas a las de Colbert. Pero es de justicia decir que no sólo Colbert y Moreno procedieron de manera similar, sino que habitualmente la mayoría de los funcionarios que se hacen cargo de las carteras de economía en el plano nacional siguen políticas similares, lo que permite ver la vigencia del dogma Montaigne en el tiempo desde aquel lejano siglo XVI hasta nuestros días, constituyendo una nueva prueba de cómo extendidos errores perduran a lo largo de los siglos y resisten al tiempo. Claro que, ya no se estila aplicar azotes a quienes tratan de vivir honestamente del fruto de su trabajo, aun cuando funcionarios como el mentado Moreno hubieran compartido de muy buen agrado esa pena u otras peores. Hoy en día, los que "osan" querer comerciar sin trabas burocráticas son sancionados con impuestos, multas, confiscaciones y, en no pocos casos, condenas de prisión.
"En el siglo XVII, la primera reacción sistemática contra el prevalente mercantilismo fue la fisiocracia. Como es sabido, el mercantilismo consiste en la insidiosa intromisión gubernamental en los negocios privados. Constituye el aspecto medular de esta corriente de pensamiento el establecimiento de precios máximos, monopolios estatales, permisos para comerciar, la imposición de carnets para agremiarse y la manía de controlar el comercio exterior suponiendo que es bueno exportar y malo importar. Los comerciantes pedían que se deje hacer (laissez-faire) a las actividades lícitas. Era un grito de libertad y un pedido angustioso a las autoridades para que no se entrometan en el comercio libre. Cada vez que los gobernantes arremeten contra la capacidad creativa y la producción de bienes y servicios se repite el pedido de laissez-faire, aunque no se recurra textualmente a esa expresión francesa."[3]
 No cabe duda -a la luz de esta cita- que el sistema económico actual -no sólo en Argentina sino a nivel global- es de este tipo, es decir, mercantilista. Como tampoco existe ningún margen de error cuando afirmamos que el mercantilismo no tiene puntos de contacto con el liberalismo ni con el capitalismo.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) "Comercio exterior e integración regional". Pág. 5
[2] Alberto Benegas Lynch (h) "Comercio... ". Idem pag. 5
[3] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 306.

Ni "menemismo" ni "kirchnerismo" ¡Peronismo!

Por Gabriel Boragina ©

Hay que calar hondo en la esencia del peronismo para comprender la naturaleza de este movimiento que ha sido protagonista de buena parte de la historia reciente de la Argentina. Los análisis parciales y segmentados de la cuestión a nada conducen que no sea a desvirtuar la auténtica naturaleza de este fenómeno político que ha concitado la atención de analistas de todo tipo.
Lamentablemente, se ha consolidado en muchos casos -tanto en la jerga periodística como en la cotidiana- al tratar temas políticos, distinguir los gobiernos de Menem y de los Kirchner con los neologismos "menemismo" y "kirchnerismo" respectivamente, como "disímiles" al peronismo. Este uso -y abuso- desafortunado de tal nomenclatura ha contribuido y sigue contribuyendo a desdibujar precisamente la intima estructura que subyace detrás del peronismo; de sus integrantes, partidarios y -por sobre todas las cosas- de sus candidatos.
Los rótulos que criticamos, son utilizados de manera ex profeso por los mismos miembros del partido peronista, apenas avizoran el rumbo equivocado de sus candidatos ya accedidos al poder, pero también muchas veces -en forma inadvertida- por personas no-peronistas o antiperonistas que emplean los términos en apariencia diferenciadores, y -sin demasiada conciencia de ello- entran "a jugar el juego" perverso al que "juegan" los peronistas, que detrás de cada fracaso de sus gobiernos buscan dejar intacta "la doctrina del movimiento".
La realidad, no obstante, es que:
"El peronismo es un formidable dispositivo de poder que ha podido transitar sin inconvenientes desde el populismo liberal de Menem hasta el populismo socialdemócrata de Kirchner. Lo que le importa realmente es el poder: clerical, izquierdista, liberal, conservador, son simples detalles funcionales a la estrategia fundamental.
No es indiferente al destino de una república que el oficialismo sea hegemónico. El precio que pagan las instituciones y la credibilidad pública es muy alto. Discutir el poder exclusivamente en el interior del oficialismo enrarece el debate, lo miserabiliza y lo transforma en una disputa salvaje por cuotas de poder, donde lo único que está ausente son los problemas reales de la sociedad."[1]
Creo que la cita anterior es una de las mejores definiciones que he encontrado acerca del peronismo, si no es la mejor de todas. Palabras que, redactadas durante los tres sucesivos y prolongados gobiernos de los nefastos Kirchner, describen con singular sutileza los contornos de un "movimiento político" que ha hundido al país en la más profunda de las ciénagas desde su mismo inicio en el año 1946 y en todas las continuas oportunidades en que la Argentina tuvo la desgracia de padecer a sus candidatos triunfantes.
Pero la habilidad del peronismo no consintió solo en disfrazarse con los atuendos del liberalismo o de la socialdemocracia, también supo ser socialista:
"Hacia 1973, el discurso político predominante se formulaba en términos de causas populares, lucha anti-imperialista, liberación de la dependencia externa, combate contra el capital, etcétera, promoviéndose una intervención mayor aún del Estado en la actividad económica. Las elecciones celebradas en marzo de 1973 permitieron el acceso a los cuadros burocráticos de elementos de izquierda, en medio de disputas por el poder político entre las facciones revolucionaria y de derecha del movimiento fundado por Perón, en un ambiente de violencia terrorista."[2]
Esto era lógico, dado que el peronismo es fundamentalmente una forma de populismo y el populismo se caracteriza por no contar con ninguna ideología específica propia, sino que va modificando su discurso conforme van cambiando las circunstancias políticas y sociales. Dado que "la lógica" peronista es la conquista del poder por el poder mismo, va de suyo que Perón no trepidó en utilizar esos elementos de izquierda para logra su tercer gobierno en el año indicado.
"En ese contexto político fue lanzado un amplio programa de reforma estructural "dirigista", nacionalista y con objetivos de redistribución de ingresos, además de un llamado pacto social entre corporaciones gremiales obreras (CGT), de pequeños empresarios (CGE) y el Estado, destinado a sustentar políticas de estabilización coyunturales (controles de precios y ganancias). El plan se tradujo en alrededor de cuarenta leyes y acuerdos, aunque parte considerable de las medidas nunca llegaron a ser concretamente implementadas. Fue elevado al Congreso un proyecto de ley agraria, nunca aprobado, que disponía la expropiación de las tierras improductivas; fueron ampliadas las funciones de las juntas de carnes y de granos, a efectos de acentuar la intervención estatal en el comercio exterior, complementadas por la manipulación del tipo de cambio y nuevos impuestos ad valorem a la exportación ("retenciones"); también la estructura arancelaria fue manipulada discrecionalmente con el propósito de dirigir el proceso de industrialización. La ley de promoción industrial, que facultaba al gobierno para subsidiar proyectos de interés nacional, preveía las corrientes facilidades impositivas e incluso el diferimiento de ciertas obligaciones fiscales (impuesto a las ventas, luego I.V.A.) por hasta quince años, sin ajuste por inflación. Se sancionó asimismo una ley de inversiones extranjeras, con el objeto de combatir la penetración de capitales extranjeros, en especial en el sector industrial; se intensificaron las vinculaciones comerciales con los países del bloque socialista; la reforma financiera incluyó la llamada "nacionalización de los depósitos bancarios"; se dictaron bajo estas ideas nuevas leyes del trabajo (de asociaciones profesionales y de contrato de trabajo), de seguridad social y de servicios de salud."[3]
Esta fue –a grandes rasgos- la política económica adoptada por Perón al asumir el gobierno argentino en 1973. No pueden sorprender la notables similitudes –salvando ciertos detalles específicos- entre las medidas patrocinadas por el propio Perón con las tomadas por el matrimonio Kirchner años mas tarde. Y esto sólo respecto de la dirección económica, soslayando por el momento idéntica similitud con el resto de las políticas seguidas por los mismos personajes en áreas ajenas a la económica. ¿Cómo ante esto podría decirse que los gobiernos de los Kirchner no habrían sido peronistas sin demostrar al enunciar tal falacia el enorme disparate que se profiere?

[1] Nota del traductor en Murray N. Rothbard. Hacia una nueva libertad. El manifiesto libertario.  pág. 27.
[2] Alberto Benegas Lynch (h) Entre albas y crepúsculos: peregrinaje en busca de conocimiento. Edición de Fundación Alberdi. Mendoza. Argentina. Marzo de 2001. pág. 312-313
[3] Alberto Benegas Lynch (h) Entre albas y ...ob. cit. pág. 312-313

El "secreto" del peronismo para perdurar



Por Gabriel Boragina ©

¿Cuál ha sido el "secreto" del peronismo para mantenerse vigente desde su temprana fundación en 1945? La respuesta sugiere que se ha debido a distintos factores de orden filosófico, político y económico que influyeron sobre su líder Juan Domingo Perón.
En cuanto a su aspecto filosófico:
"La presencia de Perón en Italia, que coincidió con el advenimiento del Fascismo, fue decisiva para su evolución política. El Peronismo no es más que la traducción vernácula del fascismo italiano, sólo que Perón no habla de “Resurgimiento”. Habla de una categoría parecida: “Evolución”."[1]
                El peronismo, que como bien indica el autor citado, consiste en la versión criolla del fascismo italiano, no es sino una variante más del populismo. El peronismo filosóficamente se ha definido:
"Como un praxismo que anuló la categoría de Revolución propuesta por Gramsci. El Peronismo es un mundo sin valores donde lo que importa es el poder acumulado. Y a esto, los peronistas lo saben muy bien, porque tienen un olfato especial para el poder."[2]
Dado que se trata precisamente de "un mundo sin valores" es que los peronistas son hábiles oportunistas para llenar ese vacío de valores con aquellos que sean más convenientes para lograr su objetivo final: hacerse del poder total por la mayor cantidad de tiempo posible. Por eso, necesariamente ha de ser demagógico. La adulación a las masas por medio de un líder que supuestamente estaría "representando" los "intereses" de las "clases populares" es un elemento esencial en la "lógica" populista y por consiguiente –desde luego- peronista.
"-¿Por qué el peronismo no asumió la categoría de Revolución?
-Porque fue conservador al estilo del “actualismo” de Gentile. Pero a mi juicio, así como Gramsci fue “más actualista que Gentile”, los Montoneros fueron más peronistas que Perón al pensar en la categoría “Revolución” y no en “Evolución”. Hace poco, me encontré con un viejo texto de Firmenich que me dio la razón. Decía “nosotros los Montoneros somos más peronistas que el propio Perón”."[3]
Los Montoneros pretendían llevar la doctrina asumida por Perón hasta sus últimas consecuencias lógicas: la realización de la revolución marxista, disfrazada bajo las consignas de "nacional y popular". Esa revolución incluía -desde luego- la insurrección armada y la toma del poder por medios violentos. Prueba de ello consiste en la gran cantidad de secuestros extorsivos y crímenes cometidos por la mencionada banda, que ejecutaba sus tropelías en nombre del "movimiento". Es interesante señalar que -mas tarde en el tiempo- el matrimonio Kirchner se adjudicó la misma consigna, a la vez que reivindicaron la lucha armada por los criminales Montoneros a quienes rebautizaron como "jóvenes idealistas", con lo que pretendieron "purificar" a los que no fueron más que feroces asesinos.
"-¿Firmenich le daba la razón a Gramsci?
-Totalmente. Y esa es mi tesis. Además, ese fascismo llamado Peronismo ¿qué ética ha generado en el país? La de un praxismo donde lo que importa es la acción para la acción que equivale a poder. Lo fundamental en el peronismo es el mantenimiento y la conquista del poder. Por eso se entiende que sea peronista un Perón, un Menem o un Kirchner. Todos diferentes pero todos unidos en esta lógica."[4]
Profundamente cierta la anterior afirmación. Pero faltaría agregar que la estrategia del peronismo en sus planes permanentes de tomar el poder total y absoluto consiste en la elaboración de un discurso demagógico por el cual se intenta convencer a una masa de ignorantes que ese poder -en realidad- se arrebata para serle "devuelto" al pueblo cuando lo real es que sucede a la inversa: el peronismo despoja el poder para -en definitiva- consumar quitarle ese poder al pueblo en forma absoluta. Durante la dictadura de los Kirchner, ese discurso hipócrita y demagógico recibió el nombre de "El relato" por la permanente distorsión y falseamiento de la realidad por parte de la tenebrosa pareja gobernante. Esto refuta a quienes pretenden desconocer que Menem y Kirchner fueron peronistas:
"-¿Por qué?
-Porque en el momento de Menem convenía sostener la bandera de lo liberal, pero en la época actual conviene otro discurso. Y mañana vendrá otro peronista que reniegue de Kirchner. En la fiesta del primero de mayo, había peronistas que fueron ultramenemistas y que estaban aplaudiendo “el fin de la década infame del ´90”…Daba risa…"[5]
                Cabe poner de relieve que la entrevista que nos encontramos comentando le fue realizada al entrevistado en el año 2012, cuando aun gobernaba la mujer de Kirchner y abrigaba pretensiones de perpetuarse en forma indefinida en el poder, al extremo de llegar a decir en una transmisión publica por la cadena nacional de radiodifusión y televisión que sólo se le debía temer a Dios y a ella misma (lo que denota con notoria claridad la enfermiza obsesión del imperio absoluto y completo). La estrategia del peronismo para perdurar consiste, pues, en negar que sus candidatos (ante sus fracasados gobiernos) hayan sido peronistas. Este artilugio ha servido para confundir a ignorantes e incautos que creyeron -y siguen creyendo- que Menem y los Kirchner no habrían sido peronistas. Esta negación de muchos (quizás una mayoría, incluyendo a muchos antiperonistas)) sirve plenamente a los fines del peronismo en su objetivo de lograr el poder hegemónico a perpetuidad.
"-Sobre el Kirchnerismo
-Este gobierno, ideológicamente, está cerca de los Montoneros. O sea que lo lógico sería que aplicara la categoría de “Revolución” a ultranza. Pero por cierto que no lo hace, ya que la mayoría de estos “ex revolucionarios” han devenido en burgueses; es decir, se han acomodado a la situación vigente. Del ideal que tenían en los ´70 habrán aplicado el uno por ciento. Además, el matrimonio gobernante tenía una fortuna ¿qué revolución van a hacer entonces?"[6]
Recordemos que a la fecha de la entrevista citada gobernaban los Kirchner. Por supuesto que el poder no es perseguido por el poder mismo, sino -fundamentalmente- porque el poder político es el puente más breve, cómodo y sencillo para obtener el poder económico a través de los instrumentos que otorga el gobierno a cualquiera que lo ocupe. Y esta siempre fue la meta del peronismo desde la época de su fundación por el tristemente célebre Juan Perón hasta nuestros días.

[1] Entrevista de Iván Wielikosielek a Daniel Lasa, especialista en Filosofía Política. Publicada en EL REGIONAL http://www.elregionalvm.com.ar/?cat=11
[2] Entrevista a Daniel Lasa....cit. supra ídem.
[3] Entrevista a Daniel Lasa....cit. supra ídem,
[4] Entrevista a Daniel Lasa....cit. supra ídem.
[5] Entrevista a Daniel Lasa....cit. supra ídem
[6] Entrevista a Daniel Lasa....cit. supra ídem

El Derecho (7° parte)

Por Gabriel Boragina © “F. La coerción jurídica en la práctica. Saliendo ahora del aspecto puramente filosófico y emplazando el tema...