El poder económico internacional



Por Gabriel Boragina ©

Es típico escuchar o leer que "somos dominados por el dinero" o por "el poder económico internacional" o los "grandes grupos financieros; monopólicos; oligopólicos; concentraciones; conglomerados; corporaciones; .oligarquías; poderes ocultos; en las sombras...privados" y demás vocabulario "temible". Toda esta terminología podría ser correcta, con una sola excepción: la calificación de "privados". Porque ningún grupo privado (enorme, grande o pequeño) tuvo jamás ni tiene semejante poder de dominación en el mundo. Entonces, lo que corresponde a todas esas terribles y amenazantes denominaciones es seguirlas con el adjetivo correcto, es decir el de estatales y no privadas. Inclusive, hasta el "dinero" que hoy en día se maneja a nivel mundial y es impuesto a nivel planetario es dinero del estado, y no privado.
Ese supuesto "poder" financiero internacional o mundial "privado" no es tal, desde el momento que constatamos que el "dinero" que operan los bancos (ya sea "dinero" contable o físico) no es de ellos, es "dinero" fabricado por y del estado. Propiedad estatal, no privada.
De otro modo ¿qué banco privado -por multimillonario que fuera su patrimonio- puede imprimir dólares, euros, yens, etc.? Ninguno. Sólo los bancos centrales y/o estatales pueden crear dinero. Y los bancos centrales, se diga lo que se diga, no dejan de ser organismos estatales, por mucha "independencia" que aquellos declamen en sus cartas orgánicas. Ergo, todo el actual "dinero" del mundo es propiedad de los gobiernos. Ni un centavo es nuestro, ni siquiera de los bancos. Lo que los gobiernos hacen (casi sin darnos ya cuenta) es permitirnos el uso de su dinero gubernamental (es decir, el que sale de las siempre multiactivas e infatigables imprentas de las Casas de Moneda gubernamentales). Y no más que eso. Pero ese "dinero" no es nuestro, sino del gobierno. Lo mismo que el "dinero" de los bancos. No es dinero de los bancos, es dinero de los gobiernos, que son sus fabricantes exclusivos (máquinas de imprimir billetes) y por tanto sus verdaderos y reales dueños.
El gobierno crea "el dinero", se lo presta a los bancos y los bancos nos lo prestan a nosotros. Pero salvo el gobierno, desde los bancos hasta el último empleado del mundo jamás somos dueños ni de un céntimo. Todo -al fin de cuentas- es del gobierno.
La Escuela Austriaca de Economía nos enseña que ese "dinero" estatal es "dinero" falso. Efectivamente lo es. Pero las leyes gubernamentales de curso forzoso y curso legal imponen bajo pena su uso obligatorio a todo el mundo, incluyendo a los grandes bancos privados. Nadie puede usar otro dinero que no sea ese, o sea el falso "dinero" gubernamental.
A veces creemos que somos dueños de "nuestro" dinero, sólo porque podemos poseerlo en nuestras billeteras o cuentas bancarias abiertas a nuestro nombre, y cambiarlo por bienes y servicios. Pero esto no es más que una pura ficción e ilusión. Mito que se revela cuando aparece la inflación, o el gobierno devalúa la moneda. Y esto es posible sólo porque el gobierno es el dueño real y de última instancia de ese "dinero". Por eso, es el gobierno el que controla su precio y cantidad (lo que se conoce como oferta monetaria).
Las oligarquías siempre son políticas. Nunca privadas. El capitalismo es siempre privado. No estatal. Ergo, no existe -en este sentido- hoy "capitalismo" en el mundo. Si –en cambio- tenemos estatismo, intervencionismo, socialismo, populismo, pero jamás capitalismo.
Entonces se admite esto, pero se dice que "los gobiernos obedecen las órdenes de los bancos". Lo cual es el mismo absurdo que se impugnaba antes, pero con otras palabras.
Las órdenes las dan sólo quienes tienen la autoridad para hacer "cumplir" esas órdenes .Quien tiene la única potestad para ejecutar y hacer cumplir órdenes gubernamentales es el gobierno. Nadie más puede hacer cumplir órdenes que los gobiernos. Ergo, los gobiernos son esas oligarquías. Porque "oligarquía" significa literariamente "gobierno de la minoría", y no le cabe esta definición a nadie más que a los gobiernos, poseedores de todo el poder para crear leyes y hacerlas cumplir contra quien sea.
Me objetaban antes que esas "oligarquías" eran "los grandes bancos internacionales". ¿De qué manera "los bancos" podrían "obligar" al gobierno a cumplir sus órdenes? Y si el gobierno se niega cumplir las órdenes de esos "bancos" ¿enviarán los bancos al presidente del país, sus ministros, legisladores y jueces a la cárcel? Claro que no, porque "los bancos" (unidos o separados) no tienen ese "poder", ni ninguno semejante frente al gobierno.
Los gobiernos surgen del voto popular, o bien de la fuerza (gobiernos "de facto"). No salen de ninguna otra parte. Y con partidos políticos o sin ellos.
Por supuesto, esto no tiene nada que ver con el poder mundial o "el poder económico internacional" o los "grandes grupos financieros monopólicos, oligopólicos, concentraciones, corporaciones, oligarquías, poderes ocultos, en las sombras" ESTATALES. Estos últimos si existen, y son verdaderamente temibles y atemorizantes. Estas organizaciones mundiales, tales como el tremebundo Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y demás organismos financieros que pertenecen -directa o indirectamente- a uno, o muchos gobiernos juntos si, son el verdadero peligro mundial y deben ser temidos y combatidos con todas nuestras fuerzas.
Las únicas y verdaderas "oligarquías" del mundo fueron, son y serán los gobiernos del mundo, juntos o por separado. Apartados entre sí, los gobiernos son peligrosos siempre para sus gobernados, y unidos entre ellos (sea cual fuere la denominación que adopten en sus famosos "tratados internacionales") los gobiernos son peligrosos para el mundo entero. El peligro –debemos darnos cuenta de una vez por todas- no es el capitalismo financiero internacional, sino el estatismo financiero internacional, ya que es este el que domina a aquel otro. El segundo, siempre tiene más poder que el primero, porque se nutre del primero. El estatismo se alimenta del capitalismo, y lo termina fagocitando por completo, pero es más rentable políticamente decir que es al revés, ya que –esto último- a los políticos estatistas les trae innumerable cantidad de votos.
Artículo relacionado:



¿"Qué" es ser un capitalista?



Por Gabriel Boragina ©

Un capitalista es quien posee bienes de capital. ¿Y que son los bienes de capital? :
"bienes de capital. Aquellos bienes cuya utilidad consiste en producir otros bienes o que contribuyen directamente a la producción de los mismos. El concepto engloba así tanto a los bienes intermedios -que forman parte de proceso de producción- como a los bienes de producción en sí mismos."[1]
Dado que los bienes no poseen un valor intrínseco, lo que determina su condición (y su clasificación) como bienes de capital o de consumo son los sujetos actuantes interesados en los mismos. Ello determina que las condiciones de bien de capital y de bien de consumo pueden coincidir sobre un mismo objeto. De tal suerte que, por ejemplo, 1 kilo de manzanas serán para el frutero que las ofrece en el mercado un bien de capital, en tanto que para "la señora de la esquina" que va a la frutería del primero, ese mismo kilo de manzanas será un bien de consumo. Según los sujetos actuantes en torno a un mismo bien, este será para unos un bien de capital, y para los otros un bien de consumo. En el caso del frutero, su kilo de manzanas será un bien de capital, porque para él su "utilidad consiste en producir otros bienes". ¿Cuáles son esos "otros bienes"? Pues el dinero que el frutero obtiene de la venta de su kilo de manzanas. Dinero que -a su vez- le permitirá adquirir otros bienes (ya sean de capital o de consumo).
Debemos tener presente que la palabra producción (en economía -y desde la óptica de la Escuela Austriaca de Economía-) no se reduce ni se limita al de la producción física, es decir, no implica necesariamente la creación de un nuevo objeto o bien material. En este sentido, es que se dice que la venta del kilo de manzanas le ha producido al frutero un ingreso de X $$$, en otras palabras (y conforme a la definición dada) le ha producido el ingreso de otros bienes (en el caso, dinero).
Si la señora que le ha comprado el kilo de manzanas al frutero original, en lugar de consumirlas cambia de idea en el camino de regreso a su casa, y decide revendérselas a la vecina de al lado de donde vive, en esa decisión posterior al acto de la compra a su frutero, se produce la transformación subjetiva del carácter del kilo de manzanas (originariamente destinado por la señora para su consumo personal o familiar) pasando a ser de bien de consumo, que era para ella, a bien de capital nuevamente, pero ahora para un sujeto diferente al frutero originario.
Dado pues que, un capitalista es -por definición- quien posee uno o más bienes de capital, y que para nuestro frutero su kilo de manzanas es un bien de capital por lo antes explicado, esto da como único resultado que el frutero es un verdadero capitalista, y su clienta (originariamente consumidora) adquiere esta misma condición de capitalista a partir del momento en que abandona su original intención de consumir el kilo de fruta adquirido, para trocarla por la de revenderle a su vecina de al lado la fruta comprada al frutero.
Esto es así, cabe reiterar, por la sencilla razón de que el valor de las cosas materiales es subjetivo y no objetivo, lo que determina que un mismo objeto, producto o mercancía, sea valorado por unos como bienes de capital y por otros como bienes de consumo. Y esa valoración, como acabamos de ver, estará -a su turno- en función al destino que los diferentes sujetos actuantes en el intercambio piensan darle a esos idénticos bienes.
Por supuesto, esto funciona de la misma manera cuando los bienes son diferentes. Pero es importante tenerlo bien en claro cuando los bienes son los mismos, como en el caso del martillo, en otro ejemplo:
Mientras que para un carpintero el martillo será un bien de capital (lo que convierte al carpintero en un capitalista) en mi caso que para lo único que podría necesitar un martillo sería para clavar un clavo en la pared para colgar un cuadro, el mismo martillo será un bien de consumo. Pero si un día decido instalar un comercio de ferretería, ese mismo martillo pasará a ser también para mí un bien de capital, en cuyo supuesto, quien se convertiría en capitalista seria yo en mi novedosa condición de ferretero. Nuevamente observamos que, si bien el objeto o cosa sigue siendo el mismo de siempre, su valoración como bien de capital o de consumo varía en función del destino que los sujetos actuantes prevén darle.
Esto desmitifica el extendido mito colectivista de que un capitalista es un hombre "rico, malvado y perverso" sólo por poseer alguna fortuna (poca o mucha).
Un análisis detenido de los conceptos como el que aquí hemos dado nos revelará rápidamente que -al fin de cuentas- todo el que trabaja, manual o intelectualmente, es un capitalista.
En efecto, retomando la definición de bien de capital, caemos en la cuenta que el trabajo no es ninguna otra cosa que un bien de capital propiedad del trabajador, dado que como tal, el trabajo es un bien "cuya utilidad consiste en producir otros bienes o que contribuye directamente a la producción de los mismos". Desde el punto de vista del empleado, esos "otros bienes" que su trabajo le reporta son sus ingresos mensuales en forma de salario. Salario este que el capitalista-trabajador podrá destinar, o bien al consumo presente o bien al ahorro que, este último a su turno, podrá dedicar al consumo futuro, o bien a la inversión. Si opta por la ecuación "ahorro-inversión" no hará más que reforzar su condición de capitalista, quizás otro tipo de capitalista (ya no un capitalista-empleado, sino quizás un capitalista-empresario, como el frutero, el carpintero, el panadero, etc. Típicos ejemplos de capitalistas-empresarios).
Si a un empleado le resulta extraño que aquí se le diga que es un capitalista, no será por ninguna otra razón que, desde pequeño, la cultura socialista y socializante en la que estamos inmersos le ha lavado eficazmente el cerebro con el falso cuento de que "toda su vida" ha sido un "explotado" por sus empleadores, cuando la realidad es que los únicos que realmente lo explotaron fueron sus maestros, profesores y demás educadores colectivistas, para luego pasar a ser doblemente explotado por sus diferentes gobiernos en el país en el que trabaja.


[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991.

El Fondo Monetario Internacional

Por Gabriel Boragina ©

"Fondo Monetario Internacional. Agencia especializada de las Naciones Unidas creada en 1945 como parte de los acuerdos de Bretton Woods. Su principal propósito es facilitar la expansión equilibrada del comercio internacional alentando la estabilidad de las tasas de cambio y la cooperación internacional en materia monetaria. El FMI, concretamente, otorga préstamos de corto plazo para equilibrar la balanza de pagos de los países miembros, busca la eliminación de barreras comerciales y auspicia la convertibilidad de las monedas a tasas estables.
`Desde el principio de los años sesenta sus miembros, que llegan al centenar, tienen una cuota expresada en dólares americanos que determina su poder de voto y sus derechos como prestatarios y como prestamistas. El Fondo actúa como banquero entre sus miembros, prestándoles las divisas que necesitan: el prestatario las compra con su propia moneda, comprometiéndose a utilizarlas para reducir sus déficits comerciales. En los últimos años el FMI ha cooperado en la renegociación de la gran deuda externa contraída por muchos países en desarrollo, otorgando préstamos a largo plazo y facilitando fondos para la recompra de la deuda por parte de esos países."[1]
Este organismo estatal funciona a la manera de un gran banco central. Es decir, su objetivo real (y el que en los hechos ha venido cumpliendo) consiste en monopolizar la moneda. Los "miembros" de este "banco mundial de bancos" como se lo ha llamado, son gobiernos y no empresas ni particulares. Por lo que se opone tanto al liberalismo como al capitalismo, en tanto estos últimos postulan una moneda libre del control estatal y político.
"Las burocracias internacionales como el FMI y el Banco Mundial financian o ayudan a financiar alegremente a los gobiernos más corruptos del planeta. En realidad la deuda pública significa la inmoralidad de comprometer coactivamente los patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección de los gobiernos que contrajeron la deuda."[2]
Los préstamos que el FMI otorga a los gobiernos del mundo no son, desde luego, financiados con dinero de los burócratas que dirigen y controlan al FMI, y los pagos y cancelaciones que los prestamistas hagan de los mismos tampoco son abonados con dinero proveniente del patrimonio personal de gobernantes y su séquito de burócratas. Todo el movimiento financiero entre el FMI y los gobiernos recipiendarios se hace siempre -y desde 1945- a costa del patrimonio de los habitantes de los países cuyos gobiernos despilfarran sus recursos de esa manera, complicando, como se expresa antes, a varias generaciones posteriores que no intervinieron en las decisiones de terceros ajenos a ellos que, finalmente, los terminarán perjudicando.
Vemos los efectos de la actuación real del FMI:
"Cuando Ferdinand Marcos fue derrocado, dejó a Filipinas con una deuda externa de 26.000 millones de dólares, en gran parte con el Banco Mundial. Una investigación posterior descubrió que, por lo menos 10.000 millones de éstos habían sido “desviados” a cuentas bancarias en Suiza, de las cuales prácticamente nada se recuperó. En 1981, el FMI transfirió 22 millones de dólares al Tesoro de Haití. Luego descubrieron que habían sido retirados por el presidente Duvalier para su uso personal."[3]
Naturalmente, los casos mencionados arriba se multiplican a lo largo y a lo ancho del mundo entero desde la misma creación del FMI, máxima expresión -a mi juicio- del socialismo e izquierdismo monetario más absoluto. Cabe señalar que, en los hechos citados arriba, esos "préstamos" estaban destinados supuestamente a mejorar las condiciones de vida de los filipinos y haitianos. Las únicas vidas que efectivamente mejoraron -como observamos- fueron las de F. Marcos y Duvalier. Pero –insistamos- que estos resultados son los que a diario también se suceden en los demás países desde la misma creación del FMI.
El Fondo Monetario Internacional ocasiona conflictos sociales de gran envergadura, lo que es contrario a un orden liberal/capitalista:
"Si los alimentos se encarecen mensualmente en un 2%, será muy improbable que estalle una rebelión. Significa que en 12 meses el aumento asciende a más del 26%. Pero si el aumento se diera de una sola vez, no se podría imponer sin protestas ni disturbios.
Ejemplo: muchos países, como Túnez, Indonesia y Tailandia, tuvieron experiencias con el aumento radical de los precios de los alimentos básicos por presión del FMI o del Banco Mundial; una estrategia de pequeños pasos hubiera podido evitar los disturbios y las luchas."[4]
Debe recordarse que en un sistema liberal-capitalista (o capitalista-liberal, que es lo mismo, al fin de cuentas) el precio de los alimentos (o de cualquier otro bien o servicio) no sube, sino que tiende a permanecer en su nivel, e inclusive a bajar, por efecto de la mayor oferta que –a su turno- es el necesario resultado de la libre competencia entre los productores del bien en cuestión.
"No se pueden exagerar los efectos del imperialismo occidental, real o supuesto, en el surgimiento del fundamentalismo. En muchos países del Tercer Mundo, el comercio internacional y el sector secular del intercambio de conocimientos, la transferencia de tecnologías, la industria moderna y la actuación del FMI y del Banco Mundial aparecen como acciones explotadoras, colonialistas de las potencias occidentales."[5]
El FMI representa, en efecto, un verdadero fundamentalismo de orden monetario, de explotación monetaria y crediticia, que el partidario de una sociedad libre o abierta combate enérgicamente.
El Fondo Monetario Internacional es instrumento de corrupción:
"Aparentemente hay un alto riesgo de corrupción... Tal es el caso, por ejemplo,...cuando aportadores internacionales de fondos (FMI, Banco Mundial, UE, etc.) inician grandes proyectos de desarrollo"[6]
Es por eso que ilustres liberales y excelentes pensadores pro-capitalistas han postulado el cierre definitivo de estos organismos estatales internacionales.



[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz respectiva.
[2] Alberto Benegas Lynch (h) EL LLAMADO “PENSAMIENTO ÚNICO” pág. 2
[3] Alberto Benegas Lynch (h) – Martin Krause. En defensa de los más necesitados. Editorial Atlántida. Buenos Aires, pág. 335
[4] Schröder, Peter. Estrategias políticas. ISBN 0-8270-4733-9. pág. 115
[5] Schröder, Peter. Estrategias ...ob. cit. pág. 293
[6] Schröder, Peter. Estrategias ...ob. cit. Pág. 300

El dirigismo



Por Gabriel Boragina ©

Aunque parezca mentira, existen aun en nuestros días personas que creen que vivimos en una sociedad capitalista y/o individualista, por lo que será oportuno dedicar algunas palabras a este tema, con miras a despejar nuevamente (como ya hiciéramos otras veces) ese tremendo error. Hay en tal sentido, numerosos indicadores que señalan con precisión que nuestro sistema político-económico es dirigista y no capitalista ni individualista, lo que se desprende -en primer lugar- de la propia noción del término individualismo:
"individualismo. El individualismo no es en sí una escuela filosófica sino una corriente de pensamiento que ha hallado su expresión en autores de diversas épocas. Se opone, básicamente, al colectivismo, en el sentido de que considera al individuo, y no a la sociedad, como fundamento de las leyes y de las relaciones morales y políticas. El individualismo, en economía, reconoce el valor y la legitimidad de la propiedad privada, aboga por un sistema competitivo de libre mercado y recusa la idea de que la sociedad pueda desarrollarse adecuadamente mediante un control político o un plan económico deliberado. Se opone por lo tanto a toda clase de dirigismo estatal o de planificación central y afirma, con Adam Smith, que el interés social se sirve mejor si cada individuo persigue su interés individual."[1]
  No hace falta examinar mucho la realidad que nos circunda para darnos cuenta que casi todo el mundo considera a la sociedad, y no al individuo, como fundamento de las leyes y de las relaciones morales y políticas. Así como tampoco se reconoce el valor y la legitimidad de la propiedad privada, ni se aboga por un sistema competitivo de libre mercado y menos todavía se "recusa la idea de que la sociedad pueda desarrollarse adecuadamente mediante un control político o un plan económico deliberado", sino que ocurre todo lo contrario, de donde se deriva que por doquier campea "toda clase de dirigismo estatal o de planificación central". El dirigismo es pues lo opuesto al individuo "como fundamento de las leyes y de las relaciones morales y políticas", al "valor y la legitimidad de la propiedad privada" y a "un sistema competitivo de libre mercado", entre otras cosas. Vale la pena que nos detengamos en el propósito de "un control político o un plan económico deliberado" como característica del dirigismo, para lo cual será muy oportuno reparar en la siguiente aserción:
"Desde sus primeros pasos los estudiantes de economía son introducidos en la economía matemática y de ahí en más se los somete a una lectura intensiva de artículos y libros que exponen distintos modelos matemáticos, según la corriente de moda y los “avances” logrados en su perfeccionamiento. Al terminar la carrera el estudiante se ha convertido en un “modelo” de economista dirigista. Los que llegan a ocupar un puesto público relevante tratarán de aplicar alguno de los irreales modelos matemáticos a la realidad (los más sagaces inventan modelos propios). Comienzan, entonces, a manipular tasas de interés, tipos de cambio, aranceles, encajes bancarios, precios, salarios, etcétera, a la luz de lo que sus modelos les anticipan que ocurrirá (con cierto desvío estándar). El grado de dirigismo puede variar desde los que creen que hay que manipular todas las variables hasta los que creen que sólo hay que controlar una (por ejemplo, la oferta monetaria según alguna “regla” que el modelo recomiende). También dentro del mismo grado de dirigismo puede variar el “tipo” de intervención; algunos piensan que hay que controlar las variables A, B y C y otros las W, Y y Z. La combinación de todos los grados y tipos de dirigismo arroja una gran cantidad de “experimentos” posibles para poner en práctica."[2]
Resulta claro pues que todo esto que observamos en la realidad de nuestros días se opone a cualquier noción de individualismo o de capitalismo (conceptos estos que si bien no son estrictamente hablando sinónimos, son sin ninguna clase de duda, complementarios e inescindibles: el capitalismo es individualista, de la misma manera que el individualismo es capitalista:
"El individualismo, como término del lenguaje corriente, es muchas veces un sinónimo de egoísmo despiadado o de aislamiento con respecto al grupo. No es ese, sin embargo, el contenido que asume para la ciencia económica: se entiende en ésta que el individuo, limitado naturalmente por un marco normativo adecuado, puede y debe perseguir libremente sus intereses y que, al hacerlo, desplegará su iniciativa y su creatividad, procurando maximizar sus beneficios. Para que esto ocurra, sin embargo, deberá producir algún bien o servicio que los demás valoren, de modo tal que encontrará su retribución económica sólo si ajusta sus acciones a los deseos de los otros individuos. Esta relación entre personas independientes, pero intensamente relacionadas entre sí, constituye el verdadero fundamento del mercado, entendido como marco donde se producen los intercambios entre los diferentes individuos de una sociedad."[3]
 En el dirigismo actual, el individuo no sólo está limitado "por un marco normativo adecuado" sino que -además de esto- es dirigido por el gobierno de turno en cuanto a sus acciones políticas, jurídicas y económicas, tal como sucede en nuestros días y desde hace décadas. El campo de elección y de acción del individuo de hoy, se encuentra constreñido al máximo por los gobiernos dirigistas contemporáneos. Ello sin contar que, la mayoría de los marcos normativos lejos están de ser "adecuados", sino que son cada vez en mayor medida altamente opresivos, al punto de reducir y hasta anular en el individuo toda "su iniciativa y su creatividad procurando" minimizar "sus beneficios".
De donde, no se advierte cómo es posible –excepto supina ignorancia o mala fe- que existan personas con "estudios" y "grados universitarios" que crean "seriamente" que "vivimos" en una sociedad "individualista" o "capitalista". En cualquiera de ambos casos, se denota que sus conceptos están muy pervertidos.


[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. voz Individualismo.
[2] Juan Carlos Cachanosky "LA CIENCIA ECONÓMICA VS. LA ECONOMÍA MATEMÁTICA (II)". Revista Libertas 4 (Mayo 1986). Instituto Universitario ESEADE. Pág. 26
[3] C. Sabino, Diccionario....ob. cit. Ídem.

El Derecho (7° parte)

Por Gabriel Boragina © “F. La coerción jurídica en la práctica. Saliendo ahora del aspecto puramente filosófico y emplazando el tema...