Reflexiones colectivistas

Por Gabriel Boragina ©

 Conforme a su ya consagrado Diccionario de economía, el Dr. C. Sabino define:
"colectivismo. Término genérico que se utiliza para designar las ideologías y las propuestas políticas favorables a la supresión de la propiedad privada. Dentro de las corrientes colectivistas pueden mencionarse el socialismo, el fascismo y algunas variantes del anarquismo. Desde el punto de vista económico las posiciones colectivistas proponen la estatización o la conformación de cooperativas organizadas y controladas por el Estado como forma básica de propiedad. También, y como consecuencia de ello, abogan por la planificación central y recusan al mercado como forma de asignación de recursos."[1]
Si analizamos en detalle esta definición, y la comparamos con las profusas regulaciones existentes en la mayoría de los países que se autodenominan como pertenecientes al "mundo libre" podremos comprobar -no sin cierta sorpresa- que la mayor parte de ellos siguen políticas colectivistas. No resulta relevante para nada como los gobiernos del mundo auto-rotulen sus acciones políticas y económicas, lo que debemos estudiar y observar en detalle es cuál es el contenido de tales actuaciones políticas, recordando que la supresión de la propiedad privada puede ser total o parcial, gradual o acelerada, y que puede intentarse por muchas vías en apariencia "democráticas". No creemos equivocarnos si afirmamos que los populismos latinoamericanos son abiertamente colectivistas.
Tampoco debemos dejarnos engañar por ciertas posiciones que se embanderan bajo las etiquetas de "Derechas" o "Izquierdas", que tratan de establecer una suerte de "tajante" antagonismo entre ambas,  porque como enseña el profesor Dr. A. Benegas Lynch (h):
"En realidad, tanto los nazis como los fascistas, al permitir el registro de la propiedad de jure pero manejada de facto por el gobierno, lanzan un poderoso anzuelo para penetrar de contrabando y más profundamente con el colectivismo respecto del marxismo que, abiertamente, no permite la propiedad, ni siquiera nominalmente. Si miramos con alguna atención a nuestro mundo de hoy comprobaremos el éxito del nacionalsocialismo y del fascismo, que sin necesidad de cámaras de gas ni de campos de concentración avanzan a pasos agigantados sobre áreas clave que sólo son privadas en los papeles (en verdad, privadas de toda independencia) como la educación, las relaciones laborales, los bancos, los transportes, los medios de comunicación, el sector externo, la moneda y tantas otros campos vitales."[2]
Nuevamente las experiencias populistas vividas en Sudamérica con los Kirchner en la Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y el comunismo castrochavista venezolano revelan la realidad de la anterior cita, lo que no excluye situaciones similares aunque mas edulcoradas en el resto del mundo. Ciertamente estos países utilizan la metodología nazi fascista que no son más que variantes del socialismo como ya tantas veces se ha demostrado. Pero cabria preguntarse ¿dónde encuentra su origen esta expansión del colectivismo a nivel mundial?
M. N. Rothbard atribuye históricamente -en una buena medida- a los propios liberales el principio del auge del colectivismo y la declinación de liberalismo con estas palabras:
"En un país tras otro, el canto de sirena del Estado-nación y del imperio fue destruyendo al liberalismo clásico. En Inglaterra, a fines del siglo XIX y principios del XX, los liberales abandonaron su postura en pro de "una Inglaterra pequeña" y contra la guerra y el imperialismo, sostenida por Cobden, Bright y la Escuela de Manchester. En cambio, adoptaron lo que recibió la obscena denominación de "Imperialismo Liberal", y así se sumaron a los conservadores en la expansión del imperio, y a los conservadores y a los socialistas de derecha en el imperialismo destructivo y el colectivismo de la Primera Guerra Mundial. En Alemania, Bismarck pudo dividir a los liberales, que ya casi habían triunfado, con el señuelo de la unificación de Alemania a sangre y fuego. En ambos países, el resultado fue la destrucción de la causa liberal."[3]
Posiblemente sea cierto que exista alguna responsabilidad en los liberales de antaño que, al decir de M. N. Rothbard, se habrían "pasado a las filas" del colectivismo que se iba expandiendo por el mundo, sin embargo no deberíamos olvidar la advertencia de F. A. von Hayek en cuanto a la economía es una ciencia contra-intuitiva y, por cierto, sus verdades requieren de un paciente trabajo de estudio y de divulgación, no siempre al alcance de las masas.
El Dr. Mansueti hace interesantes consideraciones sobre lo que él denomina "colectivismo gentilicio":
"Enorme es la confusión terminológica, porque para disfrazar las realidades que les son adversas y evadir su responsabilidad, los Gobiernos enredan las palabras. Ejemplo: el colectivismo gentilicio. Dicen “Francia decidió”; o bien “así hacen los coreanos” cuando se refieren a los Gobiernos francés o de Corea. Según Hayek es un fraude semántico. Otro ejemplo: en una “Cumbre” reciente declaró un Presidente latinoamericano: “los países ricos deben aumentar su ayuda a los países pobres”. Lo que dijo en realidad fue que sus Gobiernos deben transferir más dinero de sus contribuyentes a los Gobiernos de los demás países y sus clientelas políticas."[4]
Y no menos interesante es la manera en que los gobiernos infiltran colectivismo a través del deporte:
"hay que exigir la separación del deporte y el Estado. Basta de subsidios y de prebendas y privilegios exclusivos en beneficio de tales o cuales disciplinas, y en perjuicio de las demás. Basta de intromisiones estatales; en el fútbol especialmente. Hay que decirlo: el estatismo ha politizado el fútbol, y lo manipula con descaro para identificar al equipo de fútbol con la nación, la patria, el nacionalismo y el colectivismo. Y para la creación de una conciencia colectivista (consignas como “somos un equipo”, y que “todos juntos podemos” y que “tenemos que trabajar en equipo” y otros clichés tribalistas que la gente se traga sin advertir, especialmente en países donde se ha hecho del fútbol la religión mayoritaria."[5]


[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz respectiva.
[2] Alberto Benegas Lynch (h) "Izquierdas y derechas parientes" Publicado por La Nación, Buenos Aires, pág. 1
[3] Murray N. Rothbard For A New Liberty. Pág. 30.
[4] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009. pág. 78
[5] Mansueti A. Las leyes...Ob. Cit. Pág. 311.

El poder creciente de la burocracia

Por Gabriel Boragina ©

De acuerdo al prestigioso Diccionario de economía del Dr. C. Sabino:
"burocracia. Tipo de administración caracterizada por una jerarquía formal de autoridad, reglas definidas para la clasificación y solución de problemas, extendido uso de comisiones y organismos colectivos de decisión y formas escritas de comunicación. La burocracia es peculiar de las oficinas e instituciones estatales, pero en cierta medida también se encuentra en las grandes corporaciones privadas. El término burocracia, sin embargo, se usa también en otros sentidos: sirve para designar tanto al conjunto de funcionarios -o burócratas- como para calificar una forma de proceder lenta, rutinaria, que dificulta y entraba toda decisión."[1]
Lo que diferencia, en rigor, un gobierno grande de otro mediano y de uno pequeño no es sino los distintos tamaños de sus respectivas burocracias, ya que conforme sea el mismo -mayor o menor- será también su poder, exactamente en esa idéntica proporción.
La burocracia ha merecido diferentes tratamientos conforme difiera el sistema político y económico en el cual ella se encuentre inserta. Así por ejemplo enseña L. v. Mises que:
"El socialismo de la economía planificada se distingue del socialismo de estado aplicado en Prusia bajo los Hohenzollern principalmente por el hecho de que la posición privilegiada en el control de la economía y en la distribución del ingreso, que los últimos asignaban a los junkers y a los burócratas, se asigna aquí al empresario anterior. Esto es una innovación dictada por el cambio en la situación política que resultó de la catástrofe que avasalló a la monarquía, a la nobleza, a la burocracia y a la oficialidad; aparte de esto carece de significado para el problema del socialismo."[2]
De alguna manera hoy en día, y según se observa en muchos países, las burocracias han recuperado buena parte de aquella posición privilegiada en el control de la economía y en la distribución del ingreso de la que gozaban en Prusia bajo los Hohenzollern, en gran medida por cuanto ha existido en los últimos tiempos en esas naciones un retorno a un socialismo de estado bastante similar a aquel.
M. N. Rothbard amplia –en este mismo sentido- los anteriores conceptos de L. v. Mises:
"a fines del siglo XIX retornaron el estatismo y el Gobierno Grande, pero exhibiendo ahora una cara favorable a la industrialización y al bienestar general. El Antiguo Régimen retornó, aunque esta vez los beneficiarios resultaron ligeramente alterados: ya no eran tanto la nobleza, los terratenientes feudales, el ejército, la burocracia y los comerciantes privilegiados, sino más bien el ejército, la burocracia, los debilitados terratenientes feudales y, sobre todo, los fabricantes privilegiados. Liderada por Bismarck en Prusia, la Nueva Derecha formó un colectivismo de extrema derecha basado en la guerra, el militarismo, el proteccionismo y la cartelización compulsiva de los negocios y las industrias -una gigantesca red de controles, regulaciones, subsidios y privilegios que forjaron una gran coalición del Gobierno Grande con ciertos elementos privilegiados en las grandes empresas e industrias."[3]
Existen muchos indicadores respecto del exorbitante crecimiento de las burocracias en el mundo, como los que señala el profesor Dr. A. Benegas Lynch (h):
"En esta instancia del proceso de evolución cultural, un tributo es indispensable para cubrir los gastos de justicia y seguridad del monopolio de la fuerza, pero, de un tiempo a esta parte, la participación de los gobiernos en la renta nacional ha pasado del tres por ciento al cuarenta por ciento en los llamados países libres (y algunos alcanzan al sesenta por ciento con lo que la gente debe trabajar la mayor parte del año para alimentar la burocracia estatal que cada vez más invade actividades propias de la esfera privada)."[4]
Es decir, en otros términos, las elevadas tasas de imposición fiscal –constantemente crecientes- es evidente que tienen por finalidad engrosar el tamaño de esas burocracias siempre voraces, lo que hace que los gobiernos que -a su turno- se sustentan en esas mismas burocracias no cesen de expandirse, devorando cada vez mas y mas ámbitos privados, y reduciendo el espacio de libertad individual de las personas.
Friedrich A. von Hayek advierte sobre el importantísimo papel que cumple la burocracia en los planes totalitarios de un gobierno con estas irreprochables palabras:
"De todo aquello que implica el rol completo que tiene el creciente paragobierno, en esta etapa sólo comenzaré a discutir la amenaza que crea el crecimiento incesante de la maquinaria de gobierno, es decir, la burocracia. La democracia, al mismo tiempo que parece convertirse en algo completamente absorbente, se convierte a nivel gubernamental en un imposible. Es una ilusión creer que el pueblo, o sus representantes electos, pueda gobernar en detalle a una sociedad compleja. Un gobierno que cuente con el apoyo general de la mayoría, por supuesto, determinará a pesar de lo anterior los pasos principales, siempre que no sea meramente guiado hacia ellos por el impulso de sus actos previos. Pero el gobierno está pasando a ser tan complejo que es inevitable que sus miembros, como jefes de los distintos departamentos estén convirtiéndose en forma creciente en títeres de la burocracia, a la cual ellos seguirán dándole "directrices generales", pero de cuya operación depende la ejecución de todos los detalles. No es sin razón que los gobiernos socialistas desean politizar esta burocracia porque es en ella, y no en un cuerpo democrático, donde se toman cada vez más decisiones cruciales. Sin esto, ningún poder totalitario puede alcanzarse."[5]
La burocracia es -como vemos- una enemiga declarada de la democracia y tiende a la destrucción de esta.



[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz respectiva.
[2] Ludwig von Mises. "SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS" Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. Estudios Públicos, pág. 21.
[3] Murray N. Rothbard. For A New Liberty. pag. 21
[4] Alberto Benegas Lynch (h) "La caja, las normas y la autoridad". Publicado en Diario de América, NY. Pág. 2
[5] Friedrich A. von Hayek. "La contención del poder y el derrocamiento de la política", Estudios Públicos. pág. 66.

Importancia de los precios relativos

Por Gabriel Boragina ©

 

Cuando los precios de algún artículo (por ejemplo, las manzanas) suben, es habitual que los consumidores de manzanas se preocupen y que muchos de ellos clamen "a voz en cuello" para que el gobierno "controle" esos precios. Sin embargo, cuando los salarios de esos mismos consumidores aumentan, jamás se verá que ninguno de aquellos demande del gobierno -con la misma indignación anterior-, que los reduzca. Lo cual es lógico, ya que es normal que todos queramos tener ingresos cada vez más altos y comprar a precios más bajos. Lo que no es tan simple de percibir a muchas personas es que sus salarios también son precios, como los de cualquier otro bien, y que la relación entre el precio de un artículo de consumo cualquiera y el ingreso (parte de cual se destinará para la adquisición de ese u otros bienes de consumo), es a lo que se denomina precios relativos. Esto no cambia, desde luego, si los precios comparados son entre servicios y no entre bienes. En suma -y como explica Murray N. Rothbard- "los precios relativos, [son] las relaciones de un tipo de precio a otro".[1]

Pero ¿para qué sirve calcular los precios relativos o, al menos, prestarles alguna atención? Para Juan Carlos Cachanosky: "Los precios relativos son las guías que tienen los mercados para evitar que se produzcan desajustes de gran importancia."[2] Y esto es sumamente substancial porque:

"En contraste con la hermética concepción económica neoclásica que separa el dinero y los niveles de precios de los precios relativos de los bienes y servicios individuales, Mises demostró que un incremento de la oferta monetaria influye de manera diferente en las distintas esferas del mercado, y con ello modifica inevitablemente los precios relativos."[3]

 Esto significa algo que nosotros -y otros antes- explicamos muchas veces: la inflación distorsiona los precios relativos, y con ello también distorsiona (y en ciertos casos desfigura completamente) aquella función de "guía de los mercados" que les otorga J. C. Cachanosky junto con otros grandes economistas.

Como también dijéramos tantas otras veces, el papel de la banca central es clave a la hora de las manipulaciones monetarias, y cualquier decisión que tome la autoridad monetaria repercutirá en forma perjudicial sobre el mercado:

"Las autoridades de la banca central solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir la base monetaria, contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos necesariamente altera los precios relativos, es decir, distorsiona las antes comentadas señales vitales en el mercado con lo que se malguía a los operadores económicos, lo cual significa desperdicio de recursos que se traduce en bajas de salarios e ingresos en términos reales. A estos efectos es del todo irrelevante si la banca central es independiente del ministro del ramo: de todos modos estará confrontada entre las tres vías aludidas y, consecuentemente, conducirán a la desfiguración de los precios de mercado con los efectos negativos apuntados."[4]

Un error frecuente de los economistas ha sido -y sigue siendo- atribuir las crisis económicas a la fluctuación de los precios y así han hablado y siguen hablando de que es "necesario" intervenir en el mercado monetario a fin de lograr la estabilización del "nivel de precios". Creen que si los gobiernos no controlan la estabilidad del "nivel de precios" entonces se producirán las crisis económicas. Hay dos equivocaciones implicadas en esta convicción de los economistas que así "razonan", a saber: por un lado es que, en rigor, no es correcto hablar de "nivel de precios" ya que se trata de una expresión metafórica tomada de la física, y que no revela lo que exactamente sucede en el mundo real de los precios, donde no se da verdaderamente "nivel" alguno. Y por otra parte, el segundo yerro incide en el concepto de "estabilidad de precios":

"Los partidarios de la "estabilización" parecen olvidar en el momento de realizar sus análisis la importancia que tienen los precios relativos en el funcionamiento del mercado. Se preocupan por mantener estable el "nivel" de precios cuando, en realidad, es totalmente intrascendente. Si aceptamos que la ley de Say es válida, entonces las recesiones económicas no se deben a una insuficiencia de demanda agregada o a un excedente de oferta global, sino que son el producto de un período durante el cual los recursos fueron mal asignados, se expandieron ciertas producciones que no deberían haberse expandido, a costa de la contracción de otras que no deberían haberse contraído. La recesión se produce cuando los mercados se reajustan, es decir cuando todos los sectores que se sobreexpandieron quiebran y los que se achicaron vuelven a crecer."[5]

 Las recesiones son la consecuencia necesaria de la reasignación de los recursos que fueron mal asignados en virtud del intervencionismo estatal monetario y crediticio.

Murray N. Rothbard, por otra parte, explica porque no puede construirse un "índice" que "mida" el poder adquisitivo, ignorando los precios relativos cuando dice:

"Es inadmisible tratar de agrupar los cambios en el poder adquisitivo del dólar recurriendo a un único número índice promedio. Cualquier índice de este tipo evoca una suerte de totalidad de bienes cuyos precios relativos permanecen inalterados, de modo que un promedio general podría llegar a medir las variaciones en el poder adquisitivo del dinero mismo. Pero hemos visto que los precios relativos no pueden permanecer inmutables, y mucho menos las valoraciones que los individuos confieren a esos bienes y servicios."[6]

En suma, es hora que los economistas del mainstream pongan mayor atención en los precios relativos.



[1] Murray N. Rothbard. For A New Liberty, pag. 222

[2] Juan Carlos Cachanosky. "LA CRISIS DEL TREINTA". Revista Libertas VI: 10 (Mayo 1989) Instituto Universitario ESEADE pág. 32

[3] Murray N. Rothbard, "La teoría austriaca del dinero", Revista Libertas Nº 13 (Octubre 1990) Instituto Universitario ESEADE, pág. 3

[4] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi". (Discurso pronunciado ante la Academia Nacional de Ciencias). pág. 4

[5] Juan Carlos Cachanosky, "La crisis del 30" Op. Cit. pág. 32

[6] Murray N. Rothbard, "La teoría austriaca...". Op. Cit. Pag. 4

El poder adquisitivo del dinero

Por Gabriel Boragina ©

Todavía sigue siendo popular un muy antiguo error de muchos economistas que creen que la inflación es el aumento generalizado de los precios. Y, en consecuencia, también es mayoría la gente que repite en forma inconsciente el mismo error. Sin embargo, la inflación no es eso, sino que se trata de un fenómeno monetario, uno de cuyos efectos es la disminución del poder adquisitivo del dinero.
Murray N. Rothbard explica en forma sencilla en qué consiste el poder adquisitivo del dinero:
"Cuando rige el sistema de trueque, si el precio de una docena de huevos es de un kilogramo de manteca, el poder adquisitivo de una docena de huevos será, inter alía, de un kilogramo de manteca. El poder adquisitivo de una docena de huevos será también una décima parte de un sombrero, etcétera. A la inversa, el poder adquisitivo de la manteca equivale a su precio en términos de huevos; en este caso, el poder adquisitivo de medio kilogramo de manteca es media docena de huevos. Después de la aparición del dinero, el poder adquisitivo de una docena de huevos es igual a su precio monetario, que en nuestro ejemplo es un dólar. El poder adquisitivo de medio kilogramo de manteca será cincuenta centavos de dólar, el de un sombrero diez dólares, etcétera."[1]
Inmersos desde antaño y en nuestros días en una economía monetaria, la gente está acostumbrada a medir el poder adquisitivo de su dinero en términos monetarios y no en términos de trueque, pero, en última instancia, los que se intercambian son unos bienes por otros. Los bienes económicos (y recordemos que el dinero también es un bien económico) poseen todos poder adquisitivo entre sí.
El poder adquisitivo del dinero es lo que le confiere su valor y viceversa:
"El valor del bien económico utilizado como dinero está sujeto a las mismas consideraciones que otras mercancías. Los individuos le otorgan un valor porque resulta útil; les permite, en un futuro próximo o lejano, adquirir otros bienes. Le dan valor porque goza de poder adquisitivo, y goza de este poder adquisitivo porque la gente le da valor.
Éste es un razonamiento tortuoso, a menos que reconozcamos el orden correcto del proceso de valoración. El valor de cambio del dinero es una función de las valoraciones subjetivas de la gente; éstas se ven influidas por su recuerdo del poder adquisitivo del pasado el que, a su vez, puede ser rastreado hasta el valor de uso del bien monetario. Sin conocer el origen de su valor de cambio, pero recordando claramente el poder adquisitivo que poseía ayer, la gente le otorga valor al dinero, según sus escalas de valor. Pueden aumentar sus tenencias de efectivo si el dinero en efectivo es más valioso que los bienes económicos ofrecidos a cambio, o pueden reducirlas si los bienes disponibles para intercambio son más valiosos. Los cambios del valor individual afectan a los cambios del poder adquisitivo."[2]
El poder adquisitivo del dinero dependerá entonces de factores subjetivos (la valoración que le otorgan los consumidores a la moneda) pero también estará relacionado con otras condiciones, que son de orden objetivo, dadas estas por la cantidad de circulante que exista en la economía, lo que, a su turno, afectará los precios y estos, nuevamente, -en un efecto de feedback- las valoraciones que la gente haga de su dinero.
La inflación disminuye el poder adquisitivo del dinero, y puede llegar a suprimirlo por completo, como cuando se producen situaciones de hiperinflación.
La inflación es un indicador clave a la hora de medir el llamado "crecimiento económico" (famoso) de un país o de una región. Por ejemplo, si se dice que la tasa de "crecimiento de la economía" de un país "X" es del 8 % anual, pero la inflación existente en ese mismo país es del 20 % o 25 % en idéntico periodo, se visualiza claramente que el dato es engañoso, dado que lo que realmente está ocurriendo allí es la existencia de un "crecimiento" negativo (en el caso del -12 % o -17 % anual respectivamente). Ello, sin considerar otras variables para "medir" la supuesta tasa de "crecimiento de la economía", y atento que, el poder adquisitivo de los bienes que componen el índice de "crecimiento de la economía" es igual a su precio monetario, (que será la moneda vigente en cada país, como explica Murray N. Rothbard en el párrafo citado más arriba), se advierte con claridad que la inflación, al disminuir ese poder adquisitivo, impide hablar (en esa misma medida) de "crecimiento económico" de ninguna índole, sino de su inverso.
El sistema de banca central (en EEUU Sistema de la Reserva Federal) ha tenido mucho que ver con el problema que estamos comentando:
"Después de setenta años de manipuleo monetario, es evidente que el nuevo sistema es más deficiente que cualquier otro de la historia. Ha dado lugar a una inestabilidad sin precedentes, ha reducido el poder adquisitivo del dólar estadounidense a unos pocos centavos de su antiguo valor. Ha creado inflación, que enriquece a algunos y empobrece a otros, generando de esta manera conflictos y luchas sociales. Se trata de una enfermedad que no es ni accidental ni el resultado de fallas o malicia individuales. Es el producto final de ciertas ideas económicas que guiaron a los legisladores que diseñaron el sistema, y de las autoridades monetarias que lo dirigen."[3]
Exactamente lo mismo puede decirse de todos aquellos países en donde existe un sistema de banca central o de banca estatal (al fin de cuentas la misma cosa).
En suma, las políticas estatales siempre producen pobreza y miseria generalizada, tal como se lo viene observando desde los comienzos mismos del intervencionismo y en particular en Latinoamérica.




[1] Murray N. Rothbard, "La teoría austriaca del dinero", Revista Libertas Nº 13 (Octubre 1990) Instituto Universitario ESEADE, pág. 2-3.
[2] Hans F. Sennholz. "Moneda y libertad". Revista Libertas IV: 7 (Octubre 1987) Instituto Universitario ESEADE, pág. 10.
[3] Sennholz, H. "Moneda....", op. Cit. Pág. 16.

El Derecho (7° parte)

Por Gabriel Boragina © “F. La coerción jurídica en la práctica. Saliendo ahora del aspecto puramente filosófico y emplazando el tema...