Paternalismo e infantilismo

Por Gabriel Boragina ©

La relación entre la política y la psicología se me hace cada vez más y más evidente. Lógicamente que hay un parentesco y una relación entre todas las ramas de las ciencias y mucho mas fuerte aun en el ámbito de las ciencias sociales. En una oportunidad anterior me detuve a analizar las diferencias existentes entre el paternalismo y el individualismo y expuse lo que a mi juicio eran las razones por las cuales nuestra sociedad, especialmente la latina, tiene poco (o nada) de individualista y mucho (o todo) de paternalista. En los tiempos sociales que corren, este aspecto me parece cada vez más acentuado.
Ibero América, en particular, es una sociedad claramente paternalista, si bien el paternalismo es también observable en algunas naciones europeas, con más fuerza en las de origen latino y en menor grado en las de estirpe anglo-sajón.
Paternalismo e infantilismo son claras ideologías autoritarias, son dos caras de la misma moneda, una sin la otra son impensables. Estos síndromes, son adquiridos por la educación, tanto familiar como escolar, y reforzados por el entorno del individuo y los medios masivos de comunicaciones cuya misión es igualar y masificar, haciéndonos perder la individualidad, y negando realidades tales como el egoísmo, el amor propio, el interés propio y cualidades inherentes a la persona humana tales como esos.
La persona o grupo paternalista supone y ve a los demás como niños incapaces de dirigir sus propias vidas y necesitados de un director, amo y rector. En este tipo de sociedades, se educa a la gente de modo tal, que se agrupen por sí o por otros, en alguno de los dos grupos, el de los futuros "padres" o el de los futuros "hijos". Ya en su tiempo, el filósofo griego Platón, enseñaba que la sociedad había de dividirse en castas o razas: los guardianes están por naturaleza -según Platón- destinados a gobernar y los esclavos -por las mismas razones- debían estar destinados a obedecer, y la educación de unos y otros conforme a Platón, debía orientarse en esa dirección, sin permitir ni tolerar jamás que algún miembro de una clase se infiltrara en la siguiente. El profundo estudioso de la obra de Platón, el filósofo austriaco Karl Raimund Popper, nos describe con fidelidad y maestral prosa, la filosofía platónica desde las páginas de su magnífico libro "La sociedad abierta y sus enemigos".

Algunos ejemplos

Casos típicos de sociedades paternalistas son las teocráticas, pero también existen muchísimos ejemplos en las laicas y ateas, sin bien sostengo que en estas últimas, en realidad, se reemplaza un teísmo por otro, es decir, se pone en lugar del teísmo divino un teísmo terrenal; a la manera de Hegel y de Comte cuando afirmaban que el estado era la manifestación terrenal de Dios.
Los sistemas comunistas y socialistas son claramente paternalistas, en ellos el "dios estado" es a la vez el representante divino en la tierra de la sociedad, a este tótem los "ciudadanos niños" (aunque sean adultos) deben rendir el culto y respeto que la imagen paterna exige. Se trata de un símil artificial de una estructura familiar o para-familiar donde el "padre estado" reparte por igual, bienes y servicios a todos sus "hijos súbditos" (lo de por igual es el rasgo colectivista). Comunistas y socialistas hablan también de la "sociedad" o "sociedad comunista" (refiriéndose y englobando con ambas expresiones a esta última); la "sociedad comunista" sería -en la teoría comunista- la que representaría dicho rol paternal. De modo que, como se observa con claridad, las sociedades comunistas y socialistas también son paternalistas, quizás su expresión más nítida.
Otra variante del paternalismo es el nacionalismo, corriente esta ultima que se lleva muy bien (demasiado diríamos) con el militarismo. Es raro encontrar sociedades nacionalistas que no sean a la vez militaristas o fascistas, y es muy frecuente encontrar sociedades nacionalistas- militaristas-fascistas como tres rasgos o características que se refuerzan entre sí y se retro-alimentan. Lejano y ajeno a todas estas expresiones está el capitalismo liberal, que basado en la filosofía individualista, rechaza de plano todos estos colectivismos.
En los colectivismos en análisis, destacan por sobre todas las cosas, la importancia de las relaciones de mando y obediencia entre sus miembros. El paternalismo implica la subordinación incondicional de los súbditos al amo (padre estado, sociedad, colectividad, clase social, etc.) reforzado todo -como hemos señalado- por una educación que, desde los escritos de Platón, enseña que hay personas que nacen para mandar y otras para obedecer, Platón fue quizás uno de los primeros exponentes de esta tesis paternalista, al ser, como señala Popper [1] un gran defensor del colectivismo.
Otra forma típica de paternalismo es el caudillismo, donde se apela a la figura del líder carismático o del "salvador de la patria"; este síndrome ha afectado -en el curso de la historia- a varias naciones de Europa y de sud América, si bien, actualmente, parece menos acusado en Europa, rebrota nuevamente con toda intensidad en Ibero América, la figura del líder carismático o caudillo, es un semblante casi recurrente en la historia de los países latinoamericanos hasta el presente; claro está con diferentes grados e intensidades.

Dos estados.

El estado paternalista es en realidad doble, o mejor dicho, se subdivide en dos estados, sub-estados o dos estratos: el estado paternalista y el estado infantilista, donde los primeros mandan y los segundos obedecen. Para que haya paternalismo ha de haber sobre quien ejercerlo y de la misma manera que los tiranos se creen destinados a mandar, los tiranizados se creen destinados a obedecer. Por eso, la educación es clave, como ya lo había advertido Platón en su tiempo, no hay forma de dominar a nadie, si antes no se convence a los dominados por la vía de educación, que están destinados naturalmente a ser esclavos. Esta conciencia estuvo sumamente arraigada en la mentalidad y cultura de numerosos pueblos durante siglos, y aun hoy en día, esta mentalidad, este convencimiento, no ha sido desterrado -lamentablemente- por completo de la psiquis humana y de su cultura.
Cuando alguien afirma o admite que los pueblos deben ser gobernados, está aceptando o admitiendo la teoría paternalista. Tal afirmación puede hacerse, ya sea desde la óptica propia paternalista o infantilista. Si el hipotético sujeto afirma algo así como "nuestra nación o nuestro pueblo debe ser gobernado por fulano, el partido tal, la ideología cual, sigamos a fulano, lealtad a mengano, etc., etc. etc." el sujeto en cuestión, hace la afirmación desde una posición de infantilismo (afirma o acepta que él y otros como él o todos, deben ser gobernados por X (donde X puede ser una persona, un partido, una religión, un credo, una ideología, una clase social, etc.). la consigna es en suma "obedezcamos a..., sojuzguémonos a.... , inclinémonos ante ...., sigamos a....."
Si en cambio, dice algo así como "debemos controlar el movimiento migratorio, debemos imponer fuertes gravámenes a los ricos, debemos expropiar los capitales, debemos nacionalizar empresas, debemos tomar las fábricas, ocupemos las universidades, debemos dictar leyes que obliguen a tal cosa, u obliguen a tal otra, castiguen a...." etc., todas estas expresiones traducen una personalidad y actitud paternalista, es decir autoritaria, ya que se hacen desde una posición real o imaginaria, deseada o deseable de poder. La consigna aquí es "obliguemos a...., sometamos a...., sojuzguemos a....", etc.
Quedan así descriptas ambas actitudes psicológicas, en primer lugar la infantilista y en segundo lugar la paternalista.
La mayoría de las personas que conozco tienen actitudes duales, conforme sea el aspecto de su vida que se trate, pueden adoptar actitudes paternalistas o infantilistas, ya sea en el ámbito laboral, familiar, cultural, educativo o social en el cual se desempeñen. Por ejemplo, políticamente alguien puede ser un paternalista (en tanto desee unirse a los que dominan o desee dominar por sí mismo), pero quizás en lo familiar, esa misma persona sea un infantilista (como podría ser el caso de un hombre mantenido por su esposa u otros familiares, amigos, etc., no por necesidad, sino por convicción). Los infantilistas son aquellos de los que se dice comúnmente que "nunca maduran", revelan generalmente una personalidad caprichosa, conflictiva, bulliciosa, son aquellos que creen que tienen derecho a todo sin sacrificar de ellos absolutamente nada, rasgo muy acusado en los pueblos latinoamericanos como ya dijéramos. Los infantilistas esperan que se les dé sin dar ellos nada a cambio. Están siempre prestos a aceptar cualquier autoridad, con tal de que esta autoridad se avenga a satisfacer sus caprichos infantiles. Estos caprichos no son una imposición, sino que son una súplica, una imploración al amo paternalista, al caudillo, al jefe carismático, etc. Y esto es importante aclararlo, porque los paternalistas también son caprichosos pero desde otro ángulo, desde el ángulo del mandato, la imposición y la autoridad, creen que pueden imponer a otros sus caprichos a los que confunden con lo que "debe ser" por "el bien de otros". Son los apóstoles de la "justicia social" que sacrifican a los productivos para alimentar a los improductivos, los que fomentan el parasitismo social, el clientelismo político, la dependencia de la ayuda social, el ataque a la propiedad, al capital, a la riqueza, al éxito empresario, todas cuestiones, como se ve muy de moda en la Latinoamérica de hoy. Los caprichos del amo difieren de los caprichos del súbdito, en tanto los primeros son un mandato, los segundos son un clamor, una súplica, un ruego.

 [1] Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Editorial Orbis.

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