¿Qué es la seguridad jurídica?

Por Gabriel Boragina ©

Se apela demasiado seguido a la necesidad de seguridad jurídica, sin que se medite a fondo, me parece, sobre el verdadero significado de esta expresión. La seguridad jurídica no es un valor por sí mismo, o sea, no es un valor per se. ¿Por qué digo esto? Porque hablar de seguridad jurídica es afirmar algo al vuelo, sin darle un contenido concreto, o -mejor dicho- presuponiendo un contenido que -en realidad- no posee.  Veamos algunos ejemplos de lo que quiero decir: la Alemania nazi, la Italia fascista, la Rusia soviética, la China maoísta no carecían de leyes. Tenían todas ellas sus constituciones políticas, sus códigos civiles, penales y comerciales, es decir, estas dictaduras tenían un ordenamiento jurídico. ¿Qué había de malo en ellos? ¿No existía seguridad jurídica? Claro que sí. Existía la seguridad jurídica de que quien incumplía con la ley sería de inmediato confinado a un campo de concentración o a trabajos forzados, o a un paredón de fusilamiento, previa rigurosa sesión de torturas varias ¿por qué? Porque esas constituciones, códigos y leyes eran exactamente eso lo que ordenaban. Es decir, existía la seguridad jurídica de que, de una forma o de otra, quien fuera judío o disidente caería en alguna condena de tipo legal y pasaría al cadalso más tarde o más temprano, porque era jurídicamente aceptado que así fuera. Los nazis tenían leyes seguras, seguramente racistas y los judíos podían estar seguros, -seguros jurídicamente- que existían tales leyes racistas diseñadas en su contra y para su persecución. También podían estar seguros que los jerarcas del régimen harían cumplir tales leyes. Luego, no puede decirse en rigor, que no había seguridad jurídica en la Alemania nazi.
Los comunistas -de su lado- tenían también sus seguras leyes anti burguesas y los que fueran tildados o etiquetados de burgueses también estaban seguros jurídicamente que terminarían sus días confinados en algún campo de concentración de la lejana Siberia o en el Gulag. En consecuencia, también había seguridad jurídica en la URSS.  Todos estaban seguros que quien no obedecía al tirano estaba jurídicamente condenado de antemano y legalmente seguro de ello. Nadie tenía la menor duda de que ello iba a ser así: jurídicamente.
También en las dictaduras la comunidad puede estar segura que las decisiones del dictador -o de sus instituciones dictatoriales- serán irrevocables y definitivas. Nuevamente, existirá una seguridad jurídica de ello en todos.
Lo propio cabe decir del reiterativo argumento de la "bondad"  de las instituciones como único medio o mecanismo exclusivo para evitar la tiranía. En el mejor de los casos, esto implica un análisis incompleto del tema, porque -nuevamente-, vuelve a dejar sin definir a qué clase de instituciones se refiere, habida cuenta que casi todas las dictaduras y tirarías de la que da cuenta la historia tuvieron sus instituciones, muchas veces con nombres diferentes, como -por ejemplo- Politburó, Soviet Supremo, etc.  en el caso soviético; Reichstag en la Alemania nazi, y -como ya dejamos explicado- todos tuvieron sus tribunales, que en muchos casos funcionaron y funcionan en las dictaduras actuales como verdaderos consejos de guerra. Las agencias o policías secretas también desempeñan un importante papel como típicas instituciones de espionaje, vigilancia y persecución política. Baste recordar las famosas KGB soviética, o las SS, las SA y la Gestapo nazis.  No puede dudarse de su carácter institucional, ya que de dicho modo funcionaron en los citados regímenes. Por ello, hablar sin más y decir al vuelo que para que una sociedad se consolide y progrese económica y políticamente lo único que necesita son instituciones sólidas y seguridad jurídica, es decir algo hueco, carente de contenido, por incompleto.
Ergo, no es necesidad o seguridad jurídica lo que necesitamos, sino fijarnos -detenidamente- cuál es el contenido de las leyes que nos rigen, porque nuestra legislación marxi-fascista nos da la seguridad jurídica de que seremos ajusticiados de una u otra manera, leve o gravemente, lenta o rápidamente, según lo gradúe nuestra ley, pero de forma segura, es decir, segura jurídicamente. No necesitamos seguridad jurídica, necesitamos un régimen liberal que respete la vida, la propiedad privada y la libertad. Es esto último lo que tenemos que asegurar jurídicamente; no necesitamos cualquier tipo de seguridad jurídica al voleo, sino que lo que necesitamos con gran urgencia es una seguridad jurídica liberal, no nuestra actual seguridad jurídica marxi-nazi-fascista.
Lo importante es el contenido de las instituciones y qué tipo de seguridad jurídica nos brindarán, si liberal o totalitaria. Esta es la verdadera y única cuestión en este tema. Si respondemos que necesitamos una seguridad jurídica e instituciones liberales estamos diciendo que lo que pedimos con ello es libertad, respeto y protección de la propiedad privada, empezando por la de nuestra propia vida. Si en cambio preferimos una seguridad jurídica de tipo totalitario, significará que nos estamos volcando por los valores contrarios a los anteriores. La opción la ejerce cada sociedad y así ha sido históricamente, dado los casos que rápidamente hemos reseñado.

¿Qué es la democracia?


La democracia es un sistema ideal con todo lo que esta afirmación implica y con peculiar énfasis en la última palabra "ideal". Como ideal, muy pocas veces en la historia pudo ser realizada y ello -además- en muy pocos y focalizados lugares del mundo. Durante la mayor parte de la historia y en la mayor parte de los países del planeta, la democracia fue y es una utopía (sobre el "será", obviamente nada podemos anticipar). Hoy por hoy, resulta sumamente complicado y casi imposible encontrar democracias plenas en el mundo.
Lo mejor que se puede decir de la democracia lo ha dicho -a nuestro juicio- el profesor Ludwig von Mises, cuando la caracterizó -palabras más, palabras  menos-  como un buen sistema de elección de gobiernos. Nosotros compartimos, claro está, esa definición de Ludwig von Mises, que –nos parece- marca muy bien la diferencia entre un sistema de gobierno (lo que la democracia no es) y un sistema de elección de gobiernos (lo que la democracia sí, es). La confusión reinante entre un sistema de gobierno y un sistema para elegir gobiernos, o mejor dicho, la fusión de ambos en el concepto de "democracia", sirven de poco o –mas claramente expresado- no sirve de nada, excepto por el daño que ha causado en la historia del mundo.   
La democracia no es un sistema de gobierno –en nuestra opinión-- pero como sistema de elección de gobiernos es el menos violento como también ha enseñado el mismo profesor Ludwig von Mises. Un sistema de gobierno es –por ejemplo- la república, caracterizada por sus rasgos típicos, tales como la división de poderes en ramas o departamentos (tradicionalmente legislativo, ejecutivo y judicial); otro es -por ejemplo- la monarquía, que puede, a su vez, ser absoluta o limitada (esta última llamada -con alguna imprecisión- "constitucional")
Es decir, como vemos, diferentes sistemas de gobierno pueden convivir o emplear -mejor dicho- a la democracia, entendida en un sentido misiano: la democracia como medio para un fin: el pacifico traspaso de poder (o del gobierno)  de unas manos a otras.  Este sería el contenido del sistema democrático y en él se agotaría. Porque la historia nos enseña que se puede elegir democráticamente una tiranía ya sea de uno o de muchos, aunque sean más famosos los casos históricos de tiranías de uno (por ejemplo, Hitler, Perón, Chávez, etc...) son frecuentes también los casos de tiranías de masas ; menos famosos por no existir una cabeza notable, ni visible con el cual identificarlas y mucho más peligrosas, porque la tiranía -en las masas- se diluye entre la multitud amorfa. La noción, pues, que en una democracia gobiernan-o deben gobernar- las mayorías, es altamente peligrosa, porque el gobierno de las mayorías es tiranía, por cuanto significa que las minorías han de obedecer los dictados y designios de la mayoría, cualesquiera que estos fueren, ya que una noción de este tipo, implica que también la mayoría podría decidir qué es un derecho y que no lo es, y esto si es así, sin duda dará lugar a injusticias y sobran casos en la historia de esto último. Dado que las mayorías pueden cambiar, por ejemplo, unas mayorías por otras de contenido diverso, cambiaría de sentido la injusticia, y si las minorías (antes sojuzgadas por una mayoría), en un segundo momento se llegan a transformar en mayorías, la injusticia cambiaría de sentido y se daría mediante la revancha o la ley del talión. Esto sería una verdadera lucha de clases, donde las clases serían dos, a saber : la mayoría y la minoría, con la peculiaridad de que estas clases podrían mutar una en la otra, lo que implicaría cambiar de manos la decisión sobre lo que "es" o "no es justo". Resulta claro que la justicia no puede quedar sujeta al capricho de mayorías o minorías circunstanciales, porque nadie en absoluto -en semejante sistema- tendría garantizado que sería justo o injusto siempre. Sin embargo, este no es el único problema con la democracia cuando se la mal entiende como sistema de gobierno y cuando se la peor entiende como gobierno de las mayorías, donde estas pueden hacer -prácticamente- lo que se les da la gana por el solo hecho de tener un circunstancial número de sufragios mayoritarios.

Fragmento del libro del autor, La democracia
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Chávez y los Kirchner

Por Gabriel Boragina ©

En este artículo analizaremos las razones por las cuales –a nuestro humilde saber y entender- los Kirchner no han hecho más daño que el que hasta el momento hicieron. Se trata de que su incapacidad, ignorancia y torpeza son tan grandes, que son incapaces de aspirar a una dictadura plena, razón por la cual admiran tanto al déspota venezolano Hugo Chávez, que -en dicho sentido- despliega una capacidad de daño mucho mayor y tiene un proyecto hegemónico que -paulatinamente- lleva a cabo con una fría y bien calculada determinación.
Tal como Chávez, los Kirchner quisieran quedarse en el gobierno argentino para siempre. Para la energúmena pareja, el dictador venezolano es un modelo y ejemplo a seguir en dicho sentido, de allí la admiración y amistad que le profesan, además de los buenos negocios y la ayuda financiera que -hasta no hace mucho- Chávez brindó a los Kirchner, entre los cuales, el caso más sonado mediáticamente –y ya casi olvidado, por no decir olvidado del todo- fue el famoso de la valija "voladora" de los dólares de Guido Antonini Wilson.
Sin embargo, existen diferencias notables entre los Kirchner y Chávez. Entre ellas sobresalen tres:

1º.               Chávez ha consolidado su poder fortaleciendo y dominando por completo las fuerzas armadas de su país, las que le responden –al momento- de manera férrea.
2º.               El ansia de poder absoluto de Chávez va unido a una correspondiente capacidad y voluntad para hacerse de todos los resortes del mismo existente en Venezuela.
3º.               Chávez tiene un plan totalitario y hegemónico en mente que ha programado y que viene cumpliendo con un éxito que cualquier dictador, que se precie de tal, envidiaría.

El contraste es evidente, el matrimonio Kirchner carece de estos tres factores determinantes, que -no obstante- envidiarían poseer. Nótese que en el punto 1º señalado antes, han hecho precisamente todo lo contrario a lo que realizara Chávez en Venezuela. Mientras este cooptó y captó a sus fuerzas armadas, los Kirchner en la Argentina hicieron todo lo contrario, fruto del resentimiento Kirchner contra lo militar, por haber pertenecido ambos ideológicamente a la facción terrorista Montoneros, que fuera combatida por las fuerzas armadas argentinas en su hora.
 En otros términos, si bien los Kirchner anhelan ejercer un despotismo similar al que Chávez está desplegando a sus anchas en la desgraciada y querida Venezuela, aquellos carecen de los atributos necesarios y básicos para convertirse en dictadores al estilo del tirano venezolano. Esta es -en el fondo- la diferencia entre unos y el otro. Y es -en suma- lo que ha impedido que, hasta el presente, los Kirchner hayan podido hacer más daño en la Argentina que el que llevan hecho. Sencillamente, son demasiado torpes, inhábiles e ignorantes como para lograrlo.
 A pesar de estas diferencias, hay dos elementos en común (además de su amistad, negocios y admiración) entre Chávez y los Kirchner, ambos carecen de una oposición política y partidaria firme, fuerte, consistente y desafiante. Pero en este punto, la habilidad devastadora de Chávez también superó la de los Kirchner. El venezolano se las bastó por si solo para reducir a su oposición política "a polvo". La pareja gobernante argentina hizo lo suyo en este sentido, pero –además- contó con la inestimable colaboración de los mismos partidos y políticos opositores, que se neutralizaron a sí mismos hasta su mas mínima expresión. Algunos colegas venezolanos me comentan que esto también se ha dado en su país, sin embargo, no creo –personalmente- que lo haya sido con el grado de profundidad que se presentó en la Argentina.
Sin embargo, a pesar de las diferencias y similitudes apuntadas -que de ningún modo son todas las existentes- los efectos de ambos gobiernos pueden ser igual de ruinosos; unos tiranos torpes (los Kirchner, por ejemplo) pueden hacer tanto daño o más que otro tirano diestro (Chávez)[1]. La diferencia consiste en que el tirano torpe hace mal creyendo hacer el bien, en tanto que el dictador diestro[2] sabe perfectamente que es lo que está haciendo, por qué lo hace y para qué lo hace, esta me parece otra diferencia importante entre Chávez y los Kirchner, diferencia de forma, de métodos y de estilo que, como dejo señalado, puede -de todos modos-, tener idénticos fines nefastos.
La verdadera "habilidad" demostrada por los Kirchner no ha sido política -por cierto- sino económica a nivel personal, mas definidamente financiera; en efecto, no se registran antecedentes de gobernantes argentinos que se hayan enriquecido personalmente en forma tan desmesurada, gigantesca y acelerada como el par de consortes patagónicos. Entre tanto Chávez parece convencido que la base de su poder se encuentra en dos pilares: la renta petrolera y el control absoluto de las fuerzas armadas, los Kirchner han demostrado estar persuadidos que con solo obtener todo el dinero que les sea posible, de donde les sea posible, y siempre que les sea posible, tienen el poder "asegurado de por vida". Este es otro punto que marca la diferencia entre el poder absoluto de Chávez y el de los Kirchner, o mejor dicho, el que los Kirchner aspiran a obtener. También en este aspecto, el proyecto totalitario del venezolano es más sólido que el de la parejita argentina.
La dictadura chavista tiene más posibilidades de consolidación que la kirchnerista, debido, a mi modo de ver, a los factores que he señalado, de manera muy rápida y resumida. Claro que –insisto- esto de ningún modo implica minimizar ni subestimar, ni por un instante los efectos catastróficos que ambos regímenes, con claras orientaciones y aspiraciones totalitarias, uno y otro, el venezolano más ambicioso y avanzado en dicho sentido que el del par de argentinos sureños, tuvieron y tienen sobre sus sufridos pueblos.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.


[1] Cuando digo diestro me refiero a la destreza para consolidar su tiranía. Algo así como una especial habilidad para el mal.
[2] Con la frase dictador diestro me refiero a alguien hábil para ejercer una dictadura. Ver nota anterior.

El Derecho (7° parte)

Por Gabriel Boragina © “F. La coerción jurídica en la práctica. Saliendo ahora del aspecto puramente filosófico y emplazando el tema...